“ ORA ET LABORA”

 

   “Ora et labora”, quietud-actividad, silencio-ruido, contemplación-trabajo... ¿Dualidad o unidad de la Consciencia? Desde una visión dualista, al inicio del camino, se ven como opuestas: las hermanas del Evangelio, Marta y María. Con el caminar más profundo en la vía espiritual, ambas dualidades se funden, en momentos de experiencia meditativa como “la meta en el camino”, meta en la que desde la quietud y la contemplación, la acción es inspiración.

Esta acción puede estar llena de dureza o dolor, pero no hay  sufrimiento, ni queja, ni dualidad.

Así lo expresan los testimonios de los seres realizados de todas las culturas y yo, en  mi experiencia personal de inmersión en la Consciencia, aunque es una realidad puntual, no estable, lo puedo corroborar con la vivencia.

   El Nirvana no siempre parece reflejarse  en una vida fácil y luminosa. Los problemas y las dificultades, frecuentemente, recaen sobre los seres más evolucionados porque éstos pueden transmutarlos, y su acción benéfica guía a todos los demás, dormidos en la dualidad samsárica. Desde  la unidad de la Consciencia todo se armoniza. Pero esa altísima meta se va realizando en el día a día, poco a poco, gradualmente.

En mi experiencia meditativa voy observando que la inicial dualidad: contemplación- actividad se expresa, por la propia evolución de la vida, sin que yo haga nada, como dualidad antagónica. Épocas de intensa acción, de demandas  de mi atención y energía, en la vida profesional, familiar y social, y períodos, hasta ahora más breves, de contemplación, quietud y silencio, que la meditación permite que no solo sea externo sino también interno. Aunque hay muchos pensamientos, hay una dimensión lúcida que observa en la quietud, que está llena de gozo, de paz y de agradecimiento por poder disfrutar de las pequeñas-grandes cosas de la existencia.

    Solo el fluir de la respiración natural en el ondular abdominal, viendo la belleza de la luz que se refleja en esta hoja, el humo perfumado del incienso, el sol iluminando la pared blanca donde brilla con una materialidad etérea entre los objetas cotidianos, el silencio externo, solo interrumpido por ruidos del día a día, unos pasos, unas voces, el rasgado del rotulador, un coche y sobre todos ellos el latido  cálido del Corazón Espiritual en el Aquí y Ahora, ruidos que no molestan, que permiten el paso de la vida, de la acción , del vivir en el mundo.

Espacios de no obligación, espacios para no hacer nada o casi nada, solo contemplar lo que mi desarrollo interior me permite: ver, gozar, darme cuenta de que en esta quietud contemplativa no hay carencia, no hay que compensar nada, no hay que demandar nada. El mendigo de amor se vive en estos espacios rico, colmado. Sé que son atisbos de una plenitud que nos corresponde a todos los seres humanos cuando lleguemos al total Despertar. Pero aquí , en el día a día, en el "camino-meta" hacia la meta, la vida oscila así, entre esos regalos, estos espacios de quietud externa y otros de acción; "retos" que acometer, responder a situaciones que obligan a interactuar con otros, entre los otros, mis semejantes, los egos de todos, que muchas veces, se encrespan en la dualidad de nuestras esferas dormidas; otras veces los retos obligan a acciones que cuestionan al ego, le impulsan a salir de sus límites constreñidos, le impelen a cuestionarse, a ir despertando de la acción-reacción ciega, para así ir saliendo de la parte inconsciente y dolorosa de la existencia.

  Necesitamos vivir en este "caldo", a veces espeso, de la interacción para ir aprendiendo a dar pasos de la inconsciencia a la Consciencia. Voy observando, cada vez más, que lo planteado como opuestos se va armonizando... ya  que la quietud sigue actuando en el fondo cada vez más. En los momentos difíciles de interacción, el fondo  de paz, que he contemplado desde la quietud, sigue  mirando así,  las olas de la vida, las propias emociones agolpándose: dolor, pena, ira, soberbia, envidia... apareciendo en el escenario interior, buscando doblegar mi voluntad. Cuando las veo desde la quietud lúcida, las emociones se retraen y en ocasiones se transforman en su opuesto luminoso. Otras veces todo sucede como siempre, en el ruido mental egoico. Sé que hay mucho camino por recorrer, pero no es un logro egoico. Siento, sé en lo profundo que no hay mucho más que hacer, sino soltar y dejar que lo que se va expresando actúe y vaya transformando, depurando, abriendo el camino para que la contemplación invada toda acción, toda respiración de este cuerpo,  y a través del despertar celular, vaya dando paso a la ”no forma consciente”, un cuerpo despierto a lo trascendente.

  Recuerdo la vida de San Juan de la Cruz, envuelta en múltiples vicisitudes, humillaciones, encarcelamientos, disputas,  porque su pureza y grandeza no eran comprendidas o porque cuestionaban las estructuras anquilosadas y falsas de la espiritualidad de la época que le tocó vivir.

Lo evoco enfermo, fugitivo, en sus últimos días, en la soledad de los repudiados, buscando dónde cobijarse de los que  le persiguen. Tras su muerte, los que se enfrentan por su causa mutilan su cuerpo para conservarlo como reliquia. A pesar de tanto dolor y oscuridad escribe una de las obras más bellas sobre la fusión mística de los opuestos, desde la lucidez radiante de la no dualidad. Ya que  en lo más adverso se plasma toda la  riqueza humana espiritual, lo que ilumina toda su realidad.

Es un ejemplo muy extremo, muy alto, pero el día a día va mostrando que, lo que he expresado como dualidad inicial, se puede vivir desde la no dualidad,  como no excluyente, como unitario. El "Ora et labora" de algunas órdenes religiosas habla de esto.

Dualidad o lucidez Consciente. Para muchas personas es una dualidad necesaria ya que perciben como negativa la contemplación, la equiparan a "ensimismamiento egoísta", y lo aplican a tendencias espirituales a las que tildan como "iluminados fuera de la realidad". No comprenden que los extremos no lo son, que la unidad de ambas es necesaria para una vida consciente y plena.

   Vivimos en el “hacer y hacer” y poco en el Ser, en estar en la raíz de la existencia, en la vivencia gozosa maravillada del Aquí y Ahora, con todos sus matices.

 Cierro este escrito desde el testimonio del “amateur”, del  que va probando y viviendo, con mucho camino por recorrer, pero con la certeza en que la vida se expresa en su abundancia generosa, para que realicemos el Despertar a la “Dimensión búdica” que todos-as los seres humanos llevamos dentro.