MARTA Y MARÍA

 
“Haces muchas cosas pero solo una importa”. Muchas veces lo vivo como dualidad, por un lado los afanes de cada día, los proyectos que cumplir, los estímulos que llevan a buscar momentos de gozo efímero, o pequeñas satisfacciones, de momentos de placer; otras veces retos, trabajos que uno debe cumplir para ensanchar los límites  que el ego constreñido ha ido anquilosando en los muros de un “yo” o “personaje” que nos oprime y  al que queremos diluir o devastar para así ser nosotros mismos.

Entre unos y otros afanes, el día, las semanas, los meses..., esta abstracción que llamamos tiempo definido pasa y pasa. El tiempo material de nuestro breve paso terrenal va agotándose, como la arena diminuta, casi invisible del reloj. Vemos la mitad o más y no sabemos cuánto, de nuestro tiempo asignado ya está reposando en el otro lado del cristal, el que no volverá a pasar, y "lo único importante" ¿dónde ha  quedado?  En los instantes que ilumina el quehacer que uno hace, en la distancia ante lo que llamamos realidad, cuando podemos ver los afanes que nos impulsan, o la ansiedad que genera o el stress que se acumula en la contracción de nuestro cuerpo y que ese momento de presencia, con su verdad diluye. La atención a la respiración, el aire saliendo y entrando, aflojando músculos constreñidos por el agobio de miedos o tensión, casi siempre inconscientes, no rotulados con nombre en la mente, ansiedad por lograr nuestros trofeos, más y más de todo.

 "Lo importante" entrecruza mi vida, viene en un momento que atiendo a mis pasos o a las sensaciones del aire, o al gusto y textura de la comida o bebida que ingiero o en el amor  o la compasión que siento por alguien cercano que sufre o cuando veo la alegría de un perro que corre y goza sin pensar..., momentos y momentos; otras veces, está lejos, detrás de todo lo que hay que hacer, cuando me acompaña, lo  impregna todo y ansío que se quede y se fusione con lo otro, que ello rija con su luz todo lo demás, que diluya tanto esfuerzo fútil, que quede lo sustancial y verdadero.

A veces, ansío recluirme, abandonar lo relativo que me empuja a horarios, a demandas  y esfuerzos, y solo  como la María del Evangelio, contemplar “el rostro  amado”, de  mi , del gran Ser Real, solo vivir en el cálido Aquí- Ahora y fundirme en su luz. Esto es  “lo importante”, lo único importante.

No sabemos qué nos deparará el futuro, pero intuyo que la fusión de "las muchas cosas" y "lo único importante", en una misma expansión, como el cielo, fondo azul, luminoso, insondable sobre el que pasan los paisajes de nubes, en forma de sueños o islas  o juguetes, aire coloreado que pasa o se desvanece, sin tocar nunca el fondo sin fondo del infinito.

El pecho se expande en latidos de amor y paz, y en la quietud meditativa puede ver las emociones, las proyecciones, la tensión de una vida montada sobre tantas compensaciones de pequeños dolores antiguos que rigen, todavía, tanto mi vida. Pequeñas estratagemas infantiles para lograr lo que creía no poseer, lo que todavía, muchas veces, se expresa como carente, demandante, esa mente infantil que ha ido evolucionando en diferentes proyectos de felicidad a los que en cada época he llamado "Lo importante". Ahora, después de años de búsqueda y con la ayuda de mi Maestra Espiritual, he hallado lo que he estado anhelando difusamente, algo genuino y auténtico que no está en nada exterior, en ningún logro material, ni afectivo. Es algo que lo traspasa todo y da sentido a todo: conectar con nuestra Esencia Espiritual, con su grandeza, con su calidez amorosa, con su verdad hecha de sabiduría y silencio. Cuando todo ello se expresa, todas las muchas cosas que hago se vuelven pequeñas, pálidas, sueños de algo inmenso que intuyo, en algunos momentos vivo y que espero me invada para siempre en la quietud y el abandono de todo o, en medio de todo ello, para irradiarlo y compartirlo desde el amor, el Gran Amor del Bodhisattva que reside en todos nosotros.