La VÍa Meditativa

Desciende, se abren las compuertas del ego pequeño, al vasto espacio luminoso. El aire que entra va a un espacio expandido suave y amoroso que ya no está fuera, porque en él fluimos identificados, sale y entra del cuerpo como una caricia. Nada pesa ni se posa, todo está despierto y vivo, la claridad ilumina desde el entrecejo y se expande. Atónita miro esto sin creerlo, ¿será que han encendido luces fuera, que un sol especialmente luminoso ha entrado por una rendija? Pero no, fuera está todo igual. Miro mi dicha y la creo y deseo que sea para todos los seres, porque todos estamos respirando, flotando, fluyendo, siendo lo mismo que vivo como paz, amor, ligereza, alegría serena. La podríamos llamar dicha, gozo, nada comparable a lo que habitualmente nombramos con estas etiquetas. Las palabras son leves aproximaciones, reflejos pálidos.

Deseo también que dure, aunque sé que todo cambia y esto que vivo es una cara de los opuestos. Me recuerdo tantas veces sufriente. Recuerdo el dolor y la frustración en los otros seres y deseo que podamos instalarnos en el gozo para siempre. Y pido a la Consciencia, si es adecuado, poder ayudar a otros seres como me ayudan a mí. Sé que es el amor más alto, la entrega más grande y recuerdo también el dolor de los Santos, el martirio físico y de otras formas que no conozco. Siento que ahora no tengo fuerzas, no estoy purificada de casi nada para darlo todo y no morir en ello.

Pero quiero dejar constancia de esto que vivo y ofrecerlo, como unas pocas flores frescas a los pies de la Consciencia y de mi Maestra, como muestra leve de mi gratitud, por estos chispazos luminosos, por el silencio que los precede, por poder vivirme en esta dimensión que me permite ver cada vez más y más lo que no es verdadero en mí, mi ego pequeño o grande con sus argumentos.

El vivir cotidiano profesional y familiar activa muchas emociones. El ego trajina en el interior, me impele hacia aquí y hacia allá. Pero cada vez veo los ojos abiertos, señas misteriosas vienen a mostrarme la desidentificación, la mayor distancia, señas que forman parte del ver y que quitan realismo al escenario egoico y lo dejan desnudo de su quimérico ruido. Muchas veces hay emoción, dolor, frustración, desamor y carencia... Las emociones están ahí, la señal luminosa me ayuda a estar con ellas, a respirar y soltar. Observo cómo se mueven en mi interior, cómo se expresan en  mi cuerpo, cómo funcionan los mecanismos de las sensaciones, como si fuera una proyección y la emoción se va desvaneciendo sin esfuerzo, respirando, expulsando, inspirando, sin esfuerzo, sin pensar en ello, diluyéndose en la nada.

Otras veces, la emoción es demasiado potente y la visión no es suficientemente poderosa y el dolor no puede ser transformado.

Es el camino, el vivir de forma meditativa, fluyendo a veces en el dolor o en la paz, algunas veces viviendo destellos de algo grandioso a lo que nos dirigimos todos, el Gran Despertar de todos los seres. Pero mientras, caminamos en esta senda llena de regalos, aunque no siempre los entendamos, no siempre son gozosos. Por todos ellos, los unos y los otros, gracias a la Consciencia y a la persona que nos guía con su sabiduría en este camino proceloso de la vida. Como la mayoría busco la plenitud, la dicha, y la encuentro no solo en gozar, sino en lo que creo que es "servir y vaciarme", mera aprendiza de esto que es lo único realmente valioso de la vida.

Solo dejo esta aspiración, si es oportuno y conveniente, como pequeño regalo al pie del altar de la Consciencia.