La observación de la mente


 

La práctica de la meditación, sea ésta sentada o en la vida cotidiana, nos aporta la posibilidad de observar la mente. Por un lado la mente agitada, oscurecida por el ego y sus afanes, mente de superficie, llena de deseos, miedos, apegos, en definitiva mente de sueños, quimeras, afanes… Por otro lado la mente profunda, llena de paz y silencio, donde la visión Consciente ve el mundo de los fenómenos que vienen y van, solo está la observación lúcida, dichosa, amplia y luminosa. En experiencias vividas he sentido que el cuerpo físico se expande en vibración gozosa que trasciende lo físico material, los sentidos están ahí, alertas, oyendo, sintiéndolo todo con una percepción nueva, viva, limpia, Consciente de todo ello, con gran lucidez.

Estos estados meditativos profundos descienden como regalos, como indicios evidentes de nuestro Ser real, atisbos de cómo nos podemos vivir como seres humanos completos. Es como cuando las nubes oscuras en un día nublado, de pronto se abren y desciende la luz radiante, más radiante en el contraste con lo gris e ilumina en haces de luz, algo anodino, que adquiere una nueva dimensión llena de brillo, magia y misterio. Suele ocurrir que el viento mueve el cielo y el claro vuelve a desaparecer o aparece en otro sitio; en el cielo ocurren los fenómenos guiados por fuerzas incontrolables, alejadas de nuestra voluntad. Sin embargo la mente lúcida actúa en la práctica de la meditación facilitando que el principio Consciente, depositado por la Consciencia en todos nosotros actúe al fondo del paisaje interior, observando lo que aparece, lo que viene y va. Muchas veces lo percibo esto después de que han estado los fenómenos un tiempo en la pantalla mental, de que yo me he dejado llevar de la inconsciencia y me he identificado con el dolor, desequilibrio emocional, con el viejo almacén de las viejas historias de apegos y rechazos. Sí, a toro pasado o muy pasado, como dice la expresión, pero ahí está de nuevo el faro de la Atención Consciente que me actualiza en el momento presente y su lucidez transmuta lo inconsciente en un espacio de mayor Consciencia.

Cuando camino por el bosque, en el silencio de la frescura de la fronda, late la vida de los árboles, los animales, las plantas en una presencia que a veces me conecta con mi esencia de sentirme viviendo sin pensamientos, en la sensaciones naturales del cuerpo, la respiración, en el disfrute de la belleza, de la grandiosidad o viveza de lo que me rodea, compartiendo esa intensidad pura de estar vivo, de estar presente. Experiencia viva de percibir la Presencia en la vacuidad de los fenómenos, de que todo espacio es Consciencia. Esto dura lo que dura hasta que me dejo envolver de nuevo con conceptualizaciones y etiquetas cayendo en la inconsciencia dual egoica, identificándome con la mente engañosa. Veo en la naturaleza árboles que buscan la luz entre otros árboles, algunos tienen adosadas mucha maleza; pequeñas, finas y tenaces, livianas que los envuelven, que posiblemente les chupan su energía, la cual quiere subir y subir a la luz, quiere crecer. Así me vivo yo, a veces, con mis apegos y limitaciones. El árbol del bosque debe generar recursos para no ser devorado y seguir vivo, tiene que ampliar sus raíces, ensanchar su tronco para no ser engullido por la maleza, agrandar su esencia de árbol, ser más sólido y fuerte. Así yo también vivo esta aspiración de fortalecer mi determinación a crecer, a enraizarme en mi Identidad profunda Consciente, a expandirme a través del servicio que siento purificar mis apegos con desapegos. Aquellos a veces, cuando no estoy suficientemente atenta, me envuelven y el ego ignorante sufre. Cuando no puede protestar de otra manera lo hace somatizando con malestar físico, pidiendo ser atendido como un niño desvalido o abandonado.

La Atención lúcida ve los juegos y esto calma a la mente de superficie. Muchas veces el malestar físico se aminora o incluso desaparece. Permanece en el interior una conciencia clara de referencias a vivencias vividas de calma y serenidad y éstas me recuerdan el camino hacia lo profundo a través del darme cuenta de la respiración natural, de la observación a las sensaciones físicas que me actualizan en el Aquí y Ahora.

El día a día no está exento de desafíos pequeños o grandes que nos hacen estar atentos, que nos permiten actualizar nuestros viejos condicionamientos, nuestras falsas demandas de felicidad. La vida no es una balsa de aceite, los retos frecuentemente activan la mente de superficie, cuando no estoy presente y ésta se agita con emociones perturbadoras. No obstante, al fondo, allí instalada reside una gran confianza en los procesos de la vida que están guiados por la Consciencia, puede que por extraños caminos, a veces imprevisibles para nuestra comprensión dual egoica, pero que nos pueden conducir a un fractal perfecto. En mi discurrir personal los retos están ahí moviendo, sirviendo para ir actualizando lo que está pendiente de ser actualizado. En este proceso me vivo con una sensación de seguridad y de protección que me aporta la guía sabia, amorosa y lúcida de la Maestra espiritual que dirige el proceso. Así, con este faro luminoso de su presencia siento que mi camino va progresando en el hacer del día a día. Intentando aceptar lo que llega en sus variadas versiones, por un lado retos para ver y superar, aceptando también la dosis de sufrimiento, cuando no estoy consciente, que conlleva la depuración de apegos. Por otro lado, disfrutando de muchos regalos en forma de alegría, de momentos de lucidez y presencia cálida. En definitiva viviendo una vida llena de sentido en el ir creciendo y estando para ser un instrumento a través del cual, fluya el apoyo de consuelo a algunas personas que lo necesitan. A veces, asoman deseos de otros sueños de placeres convencionales, inconscientes, pero sé que nada de esto me colmará como lo hace esta vida sencilla, hermosa y profunda que vivo.

Gracias a la Maestra espiritual por su guía inestimable, gracias a la shanga por su apoyo en este camino conjunto hacia el Despertar a nuestra verdadera naturaleza de seres de amor y lucidez Conscientes.