El argumento es el desapego

   El argumento de nuestra vida es una de las ocupaciones de la mente insatisfecha e inconsciente que malgasta parte del regalo de nuestro tiempo, en no vivir lo que tiene delante y en proyectar y proyectar fantasías, creando escenarios de todo tipo en los que nuestra actuación estelar esté garantizada. Somos bien héroes o heroínas o bien víctimas, según  pida la demanda del inconsciente de cada cual. En esta tarea he consumido parte de mi camino vital y ahora, cuando no estoy vigilante, atenta, también la inercia mental sigue.

 Frente a todo ello,  viene la Consciencia y trae otro guion de esta fabulosa película, que es muy diferente de lo soñado, es otro argumento que, en un principio, no parece el adecuado para nuestro perfil de actor. ¡"Cielos, demasiado intrépido"!, cuando una se vive o se ha vivido como alguien temeroso, que tenía que prevenir, guardar, organizar para estar bien protegida del mundo exterior impredecible y hostil. El ego asustado exclama: ¡"Oh, demasiado desprotegido o demasiado intenso! ahora que yo había escrito un guion  mucho más tranquilo, retirado, contemplativo". Todo ello a mi gusto o según mis esquemas mentales. Pero mira por donde, la Consciencia siempre acierta, y su versión es muy diferente, más arriesgada, aparentemente "loca", "poco conveniente", "poco adecuada". Cuando veo esto se aceleran las proyecciones; escenarios varios de todo tipo de temor, de carencia, de apegos afectivos, de pérdida de asideros. Junto a todo ello, viene por otro lado algo genuino, alegre, libre, sabio, es la luz y la calidez de la Consciencia que no necesita ajustarse a nada, ni guardar nada que no sea seguir con confianza los designios de la sabiduría "loca" dijo el sabio, pero verdadera-gozosa-libre. En esta tesitura me vivo, viendo la mente que quiere" guardar la ropa y bañarse a la vez". A días confiada, a veces temerosa o entristecida porque los apegos están más sueltos pero perduran, como el muérdago en la rama. 

 El argumento va así, variado. Si fuera espectadora de la película de otro, pensaría que es una historia "interesante" o vería la película con interés y atención, pero cuando uno es el protagonista, queremos historias más planas, más tranquilas, siempre felices y colmados, sin ver que una vida así, posiblemente sería muy aburrida, ya que el impulso de nuestro viaje es crecer interiormente, desarrollar nuestra lado consciente hasta ser parte de ella en todo y esto no parece que se logre en un lago de calma, en una balsa de quietud externa, en que el mundo se aparque tranquilamente a las puertas de nuestra casa para que estemos en serena conexión con lo absoluto. Quizá haya vidas así y confieso que me gustaría que la mía fuera una de ellas. Observando la vida de seres realizados, desde el Evangelio hasta vidas de sabios y Santos de todos los tiempos, incluido nuestro presente, se puede ver que la No forma Consciencia se expresa en todas las formas: en las amables y en las horribles, en la paz y en el conflicto y en esta dualidad sale el fractal de la luz consciente, desde la forma que es compleja, cambiante, convulsa, a veces dolorosa, ruidosa, ignorante... A través de todo ello los seres conscientes expresan la No forma Consciente en una nueva expresión armoniosa y perfecta.

      Todo esto se ve con la mente y es lo que se expresa a veces en mi vida, con la energía regalada por el Maestro que nos guía y por nuestro trabajo en la meditación no solo sentada, sino en lo que puedo trasladar en mi trabajo cotidiano, en mi estar en el mundo. Cuando camino para acudir a mi tarea profesional diaria veo la belleza de lo que me rodea, siento esa expansión amorosa de la No forma que se expresa en la luz del amanecer en el cielo, en las nubes, en las casas, cuando veo el discurrir aceitoso del agua del río, donde el otoño refleja sus colores de oro y carmín, el silencio del parque que los pasos pautan en un "aquí, aquí, ahora, ahora..." Ese algo grande que hace expandir la conciencia del momento que se expresa como gozo, dicha, belleza conscientes.

   Otras veces la No forma está entre el ruido ensordecedor de un pasillo de un centro de enseñanza, una parte de mí se encoge y quiere huir de esta sensación molesta de alboroto y recrear un paisaje de música clásica o de silencio. Sin embargo otra parte se alza desde lo profundo y va aprendiendo a ver la vida en ese tumulto, en la proteicidad de la No forma en tantas formas diferentes, a ver estas formas en una calle tumultuosa, donde muchos seres como yo van y vienen y su forma es otra expresión, como la mía, de la Consciencia.

 Así pues, tras todo lo que nos rodea, si podemos mirar con lucidez, vemos la presencia Sin forma que emana de la forma. Aunque estas formas me seducen si no estoy atenta y el apego se adhiere a ellas como si fueran sólidas y verdaderas.

  La práctica de la meditación y la energía del Ser Consciente que nos guía, me muestra cómo el cuerpo se desvanece en No forma gozosa, cómo ésta se expande,  aunque el cuerpo esté ahí y el corazón late intensamente. También la práctica meditativa me distancia de mi mundo de ensoñaciones y me ancla en el de las sensaciones, en la vivencia de la No forma en la forma física del cuerpo, en la vibración amorosa de las células, aunque hay muchos pensamientos inconscientes que vienen, a veces se quedan, otras los dejo ir... Así visto, parece un buen argumento para la vida de una meditante que ya tiene trabajo con observar la mente y sus paisajes. La Consciencia sabe qué es lo más conveniente e introduce en nuestras vidas acontecimientos insospechados para que soltemos todo apego, para que estemos libres para desprendernos de la forma en todo y podamos fluir en nuestra Esencia incondicionada, desapegada y libre.