RENACIMIENTO  DE  AMOROSA    

 (La eficacia de la meditación en las crisis amorosas)

  

En un bosque algo solitario y cálido vivía una ninfa, la ninfa Amorosa. Se llamaba así porque el día en el que nació, la partera al verla, sintió tal gozo y satisfacción al verla,  que entre bromas  decía a la madre: “Aunque esté morada como una berenjena es una niña preciosa y ya ha conquistado mi corazón. Usted ya tiene siete… es tan bonita, que me la llevaría a casa.”. El  parto resultó ser tan difícil que su nacimiento fue como un milagro.  Por supuesto que no se la llevó, pero fue ella quien la llamó así por primera vez, y sin discusión alguna,  todos acordaron de manera tácita, incluida la madre, llamarla Amorosa.

Pero lo que os voy a contar no es su devenir. Sino  el episodio que dio un vuelco total a su vida. El que le enseñó el camino que la conduciría a vivir una vida realmente plena.

 Un día en el que ella recolectaba  los deliciosos hongos que crecían en su bosque, apareció un elfo, así, como surgido de la nada, solo llevaba con él un saquillo abultado. Se le veía algo despistado, como si estuviera buscando algo o a alguien. Amorosa lo observó detenidamente y pensó: “No es tan bello como otros elfos que conozco, pero tiene algo especial” No pudo dejar de mirarlo, hasta que la mirada del elfo la sorprendió y la paralizó. Él se acercó y cogió sus manos entre las suyas.  Sí, por fin se habían encontrado. Lo supieron al momento.

Era tanta la felicidad que sentía Amorosa, que pensó: “Este es el amor de mi vida, es lo que he estado buscando tanto tiempo”.

“Mi sueño al fin hecho realidad”. Y sin dudarlo ni un solo momento, se  entregó en cuerpo y alma a aquel ser encantador y maravilloso.

Los días fueron pasando, su amor crecía más y más. De vez en cuando, Aresmes, que así se llamaba, abría su atillo y extraía un regalo para Amorosa, luego lo volvía a cerrar y lo guardaba en un lugar seguro.

Aresmes era tierno, alegre, divertido, ingenioso, y  muy activo. A menudo se iba a otros bosques, que él conocía y a los que tenía que atender. Era un elfo muy, muy ocupado. Amorosa, se quedaba a menudo sola, esperando su vuelta. Siempre dispuesta para él.

Algunas veces,  para que el tiempo pasara más deprisa, se entretenía observando aquel saquillo, como si de una parte del cuerpo de su amado fuera. Al fin, un día, no pudo más y lo acarició. Entonces,  para su sorpresa, oyó en su mente dulces palabras de amor y promesas, que parecían salir de la boca de Aresmes. Ya no necesitó abrirlo, solo con tocarlo le bastó. 

Pero sus ausencias y excusas eran cada vez más frecuentes y ella continuaba acariciando el saquillo con el fin de encontrar algún consuelo. Al mismo tiempo, las palabras que oía en su mente comenzaron a sonar confusas, ambiguas, falsas, vacías. Frases cortas, que quedaban sin terminar.

Cuando se veían, ella ponía todo su  empeño en hacerle feliz, callaba su dolor, pero él cada vez estaba más agotado, cansado, triste, a veces enfadado y ella se sentía más y más insegura. Amorosa iba sintiendo cómo Aresmes le iba cerrando una tras otra las puertas que al principio estaban abiertas de par en par para ella. La realidad era que él, cada vez tenía menos espacio en su agenda para ella.  Hasta que un día, con gran dramatismo,  le dijo que no volvería más al bosque. Le confesó que se sentía atrapado e incapaz de quererla como ella se merecía.

Amorosa no lograba entender. Su amor la cegaba. Ella lo había dado todo para conservarlo. Todos sus esfuerzos fueron en vano. Se sentía desolada.  No podía vivir. La chispa que latía en su corazón había desaparecido. Solo brotaban más y más lágrimas de pena. La tristeza era tan grande, que le impedía respirar.

Como en todos los cuentos, en los momentos más críticos, siempre aparecen seres que vienen en ayuda. Este no va a ser diferente, así que como podréis imaginar, apareció un hada, sí. su hada madrina, que como todas las buenas hadas, irradiaba un amor gozoso y una paz reconfortante.

Amorosa, al verla, creyó que despertaba de una horrible pesadilla.  Su corazón estaba tan encogido que apenas podía latir, apenas podía hablar.

Amorosa.- ¿Quién sois?

Hada.- Soy tu hada protectora. Acabas de atravesar el túnel de la desolación. Estoy aquí para mostrarte el camino a la luz.

Amorosa.- Mi vida ya no tiene sentido. Yo nací destinada para el amor. ¿Qué me ha pasado? He perdido la chispa de la vida.

Hada.- No. Solo has estado confundida. No es esa la clase de amor a la que estás destinada. Has puesto en peligro tu joya más preciada, la vida, entregándote  totalmente a un ser de forma tan inconsciente.

Amorosa.- Entonces, ¿qué clase de amor puedo dar, si mi corazón apenas late?

Hada.- Hablo del AMOR con mayúsculas. Ese amor que tú ya llevas dentro sin saberlo y que te hará libre.

Amorosa.-  Trato de entender lo que me dices, pero me resulta difícil creerlo. Me parece imposible. En mi corazón solo existe él.

Hada.- Existe un camino que te llevará sin pérdida alguna hacia tu liberación. Pero lo primero que tienes que aprender es a crear una conciencia individual en tu cuerpo.

Amorosa: No entiendo, conozco el significado de las palabras, pero no comprendo la relación que hay entre ellas.

Hada.-Mediante la conciencia en la respiración, desarrollarás tu atención lúcida, desde donde observarás de forma consciente e imparcial todos tus pensamientos, emociones, percepciones y sensaciones y verás como se diluyen, uno a uno. Llegará un momento en el que el silencio abarcará todo tu ser. Es un silencio profundo que te conecta de forma natural con tu ser real.

Amorosa: ¿Yo tengo otro ser? ¿Cómo es ese Ser?

Hada: Todos tenemos un ser real que emana  serenidad, quietud y un silencio profundo. Pero que está recluido, subyugado por el ruido incesante de nuestros  pensamientos egoicos.

Amorosa.-  ¿Qué pasa cuando sientes ese silencio?

Hada.- En realidad es un estado mental en el que nos desprendemos de nuestro ego y con la simplicidad de una hoja que se lleva el viento, vivimos ese instante con plena conciencia de estar  vivos. Vivimos el  “Aquí y Ahora” como seres que somos en ese instante. Nos abandonamos a la vida y nos sentimos conectados con todo el universo, con todos los seres sintientes del planeta. Ese es el poder del aquí-ahora. Y es entonces cuando el dolor se transforma en compasión. En un Amor sin excepción para todos los seres.

Amorosa.- ¿Qué es el “Aquí y Ahora”?

Hada.- Es estar consciente en el presente. Salir de nuestra historia pasada y de los deseos y proyectos del futuro. Vivir plenamente el instante, como si el tiempo no existiera, solo el instante, como si no hubiera nadie en nuestro cuerpo, solo nuestra conciencia.

Amorosa.- Pero conseguir esto es muy difícil, por no decir imposible.

Hada.- Es tan sencillo y lo tenemos tan cerca, que no nos damos cuenta que está ahí... No tienes que buscar nada, solo dejarte llevar y sentir tu respiración y tu cuerpo.

Amorosa ya no necesitó entender, solo se dejó llevar por las indicaciones del hada, pronto empezó a experimentar en sí misma aquello que el hada le explicó.  Su corazón y todo su cuerpo comenzaron a palpitar como el mismo día en el que vino al mundo. Sí. Volvió a nacer.


 Y así fue cómo, buscando en su interior de manera abnegada, como un jardinero que mima su jardín cada día, Amorosa descubrió que era un ser de luz y amor. Un ser completo.