Meditación y servicio

 

La Meditación y el Servicio no son comprensibles para el ego. Le son indigestos.

Dedicarse a algo que no suponga acrecentar su placer, su poder, su prestigio, su seguridad o su ambición de ser esto o aquello es de tontos y claro el ego siempre se cree muy listo.

Servicio es la entrega desinteresada en beneficio de todos los seres sintientes. ¡¡¡Cómo desinteresada!!! Instintivamente el ego se repliega, oculta sus manos en sus bolsillos y aprieta firmemente los labios para no dejar escapar ni el aliento.

En el Camino Espiritual ambos, Meditación y Servicio se entrelazan como los hilos de un bordado de ganchillo.

No hay mayor servicio que la meditación y la meditación en la acción diaria es servicio.

Para el practicante aún no despierto el ego es como la sombra que sigue sus pasos, por no decir que, en realidad, la mayoría de las veces  camina delante, resultando ser el obstáculo principal para que la meditación suceda.

Al ego le reconcome que ni la meditación ni el servicio puedan hacerse sino que suceden precisamente cuando el mismo sempiterno  hacedor y protagonista  desaparece de escena.

Entre tal cosa sucede y en gran medida como resultado de la demanda de que así sea, el servicio se ofrece  al meditador como una oportunidad de oro en tanto acorrala al ego contra las cuerdas de diferentes maneras.

Si la tarea propuesta resulta ser desagradable, cansada, carente de relevancia y anodina el ego rezumba, protesta y se revuelve de manera sonora y molesta. Es la resistencia de brocha gorda. Tanto alboroto monta que es relativamente fácil que el ego se evidencie desnudo a los ojos de la Consciencia que lo disuelve en el mismo acto de la entrega.

Pero en otras ocasiones la tarea requerida es gustosa miel para el paladar del ego que adoptando un rol protagonista, ahora sí, pone toda su energía y entusiasmo, desviando sutil pero inequívocamente la corriente fresca del servicio desinteresado hacia las arcas del beneficio propio.

Síntomas de esta apropiación indebida son el esfuerzo, la fatiga y la falta de inspiración y alegría.

El ego juega aquí a experimentado truhan cambiando las cartas en un engaño sutil, más difícil de desenmascarar.

La ayuda del amigo espiritual es imprescindible para retornar el agua a su cauce ayudando al practicante a entregar ese ego ilusionista.

Como se puede entrever, la esencia del servicio no radica en el qué sino en el cómo se realiza.

No hay servicio sin entrega del ego y sin la Presencia Consciencia del Aquí Ahora, manifestadas en una acción carente de pensamientos inconscientes.

El ego que, como decíamos, se cree muy listo muda en ocasiones su piel para aparentar ser muy servicial si tal cosa le conviene.

De ahí la paradoja de que quien hace servicio es servicial pero no todo aquel que es servicial hace servicio.

Una consecuencia de la práctica del servicio desinteresado es la acumulación de méritos. Sin méritos no es posible realizar la meditación y el Despertar. Para que tal acumulación ocurra el practicante debe hacer una donación o dedicación de todos los méritos generados para el Despertar de todos los seres sintientes.

Solo de este modo servicio es meditación y meditación es servicio componiendo ambos el maravilloso trenzado del juego del Despertar.