Reconocimiento de mi genuina
Identidad Consciente

 

Por lo que me alcanza a conocer hay seres humanos que por su condición kármica experimentan un Despertar súbito a su Ser Real.

La Consciencia desbroza y arranca de cuajo el árbol egoico y devienen en una expresión de la Presencia del Aquí y Ahora, ni más ni menos. Viven y transmiten el Gozo espontáneo de la Sabiduría en total conexión con el Universo Despierto.

Disfrutar de su cercanía es una fortuna incomparable.

El resto de los seres humanos necesitamos recorrer el camino paulatino, a veces azaroso, de retorno a nuestra Esencia Consciente y precisamos de la guía y la ayuda de quienes ya han despertado.

Si bien partimos de realidades kármicas distintas con condiciones personales más o menos favorables, este camino hasta el Despertar, la práctica meditativa, es una herramienta universal, disponible para todos, no reservada a unos pocos privilegiados.

La conjunción de una actitud abierta de mente y corazón  a la acción de la Consciencia, una sincera aspiración y la práctica disciplinada de la meditación y la guía y las bendiciones de un Maestro despierto son las condiciones imprescindibles para que el camino meditativo sea fructífero.

Desde mi experiencia personal, compartida con otros muchos meditantes en Karma Samten Ling, la Presencia, la energía meditativa y la enseñanza a través de la palabra de nuestra Maestra Antxoni son la concreción de las condiciones requeridas.

Cuando me siento a practicar meditación  continúo un viaje  que no se limita a ese  momento en particular sino que abarca toda la vida cotidiana de relaciones con los demás, el trabajo, el descanso…

Pero se trata de un momento muy especial, el más importante del día, crucial, porque sin él todo el resto del edificio sin duda se desmoronaría. Es el espacio para el entrenamiento, para hacer músculo, que conecta con la referencia donde se soporta todo lo demás.

Parto desde un estado de identificación con el ego, con un yo protagonista principal de un sin fin de historietas, en un estado de mente muy superficial e inconsciente, para ir paso a paso adentrándome en una mente más profunda, más consciente y plena.

Constato que, si bien mi cuerpo está aquí, mi mente está dislocada, dispersa y atrapada en mil y una disquisiciones con monólogos y diálogos continuos y exasperantes, y que en definitiva se ha quedado muchos pasos atrás enganchada a sucesos que no tiene otra realidad que la de los recuerdos.

Y en estas estamos cuando la  Maestra llama a recoger las velas y a echar el ancla y poner toda la atención en la sensación física de la respiración abdominal. Contar respiraciones, volver y volver una y otra vez a esta sensación disciplinadamente pero sin tensión.

Se trata de ejercitar la capacidad de darnos cuenta que como seres humanos traemos de serie y que por falta de uso puede oxidarse hasta desaparecer.

Y en esta sencilla práctica, que engañosamente puede parecer fácil hasta que uno se pone a ello, pongo todo mi empeño volviendo cada vez que me descubro ido en las ensoñaciones mentales. Y algo empieza a cambiar.

El ruido mental va cediendo y la atención va adquiriendo una nueva cualidad, más amplia y abierta, nítida, lúcida y discriminante.

La conciencia en las sensaciones físicas conecta con la Atención lúcida Consciente.

Y mientras escribo esto, me detengo porque me percato de la importancia que el cuerpo físico desempeña en este proceso. Compruebo su realidad en lo relativo y como, aun habiendo sido tantas veces denostado, e incluso en muchas ocasiones mortificado por considerarlo un obstáculo antagónico a la vida espiritual, a través de la enseñanza recibida en Karma Samten Ling se revela tanto como la llave de salida de la inconsciencia como la puerta de acceso a nuestra Realidad profunda Consciente o Ser Real.

Se trata en suma de la dimensión externa de nuestro Ser Real con el que conforma una misma realidad.

La plena atención lúcida a los pensamientos, percepciones, emociones y sensaciones permite ir soltando el aferramiento a la mente egoica e irme situando en un estado de la mente más libre y más atrás, diferenciada del yo protagonista de las dramatizaciones mentales.

Con todo, el ego insiste en sus estrategias y recurre a múltiples tretas pretendiendo retomar el mando de la meditación: vuelta a los pensamientos recuerdos, o proyecciones a futuro, emociones, fatigas, somnolencias…

Surge en ocasiones la impaciencia que no es sino otra faceta del mismo ego, y la enseñanza de la Maestra viene al rescate: "es preciso amar al propio ego como único modo de integrarlo y trascenderlo". Y el cambio de actitud al respecto devuelve la cordura a la práctica. El ego es un buen material de trabajo meditativo y esta es una ocasión idónea, para visibilizar sus dinámicas.

El viaje continúa y de manera espontánea surge una actitud de aceptación a todo lo que se presenta, tanto si es placentero como doloroso.

Si, también lo placentero vivido con desapego, con consciencia conecta con lo profundo con nuestro Ser Real.

Mirado desde aquí, me convenzo de que pretender un acceso a lo profundo directamente desde la inmersión en el estado de confusión inicial era una quimera.

El ego enraizado en el oscuro impersonal de la naturaleza humana hace imposible ubicarse sin más en lo profundo, y por lo tanto, seguir esta práctica del campo base meditativo es simplemente una necesidad.

En ocasiones el viaje se detiene aquí y aporta no poco: una pacificación de la mente, un alivio de la carga mental acumulada, un estar presente, un conocimiento de las dinámicas de la mente de superficie, unas renovación energética que deja atrás la fatiga física y mental acumulada durante el día y un sello, una referencia que se va instalando más y más y va transformado paulatinamente mi manera de vivirme y de convivir con los demás.

En ocasiones el viaje cobra más aire y una experiencia vivencia de una cualidad incomparable con nada conocido por el ego se va haciendo presente.

Dotada de una realidad con mayúscula es imposible de falsear porque la mente es incapaz de provocarla, reproducirla a voluntad, ni de recrearla imaginariamente.  Se va haciendo cuerpo y el cuerpo físico participa plenamente de ella. También afecta a la mente de superficie.

Describirlo con palabras no me es fácil pero diría que es fuerza, intensa, cálida, luminosa y en ocasiones todo ello a la vez.

Es una energía que en ocasiones puede doler cuando se topa con bloqueos físicos o emocionales pendientes de actualizar, que se disuelven en amor cálido y gozoso en ocasiones para no volver más.

Esta Presencia se expresa como amor cálido impersonal en el pecho, como Visión lucida Consciente, como caudal de energía que desciende de la cabeza, por el canal central, despertando los centros de energía incluido el Chacra secreto.

En momentos, que yo llamo estelares, se dan breves destellos de una realidad insondable, silenciosa y radiante que la Maestra denomina el Darmakaya o Absoluto profundo, o Vacuidad, realidades que, como digo, en lo que a mi respecta son apenas destellos de los que poco más puedo decir salvo que son inolvidables y una referencia de que la vida es realmente otra cosa de lo que el estrecho marco egoico permite entrever.

Un espacio de la mente donde hay silencio, no hay emociones que lo perturben y el amor y la plenitud son su seña de identidad.

Agradecer a la Maestra todo lo que hace por el Despertar de todos nosotros y de todos los seres.