Nadie es feliz pero...
¿quién quiere ser nadie?

Esta famosa frase de un personaje de Quino (Mafalda), creo que de Snoopy, muestra en su ingeniosa simplicidad una radiografía certera del Ego.

Desde el humor, desvela la trampa en la que el ego está atrapado, pues aunque no pasa un solo día en el que no desee ser feliz, no tiene, por otra parte, la menor gana de dejar ser alguien y además el más importante.

Siendo básicamente estúpido otra cosa es que haya que despreciar su capacidad de ser sutil y listillo.

Me llama la atención cómo maneja el término “yo”, que tanto vale para un roto como para un descosido. Lo malea, deforma, estira o comprime a conveniencia. Es el comodín de ahora hablemos con ¿sinceridad?

A modo de ejemplo, observo la fabricación de un supuestamente auténtico yo, que supuestamente al margen del ego dice cosas como: yo veo a mi ego queriendo ser alguien, pero en realidad yo quiero ser nadie porque así seré feliz, pero eso sí, sin que se mueva nada, sin que nada cambie.

No sé, parece el ego jugando agazapado a ser Nadie por si cuela y consigue la felicidad por la cara, sin despeinarse, y además con la enorme satisfacción de haber logrado ser nadie. Pero y ¿quién tiene la satisfacción? Se diría que el ego.

Por eso, en la inocente afirmación que encabeza estas líneas se manifiesta la imposibilidad que tiene el ego de resolver los dilemas y trampas que él mismo crea, se lo monte como se lo monte.

Solo trascendiéndolo, y solo una vez trascendido, Nadie es realmente Nadie  y no un lobo (alguien-ego) con piel de cordero (nadie).

Cuando tienes la ocasión de topar con un Nadie auténtico, con un Maestro realizado, causa una gran impresión desde la total ausencia de pretensión haciendo, sin hacer nada, que todos los egos en su entorno se vean desnudados por la verdad de la vida que se expresa en su genuina y sencilla espontaneidad.

Aplicándome el cuento diría que todavía (salvo en momentos concretos) no soy feliz o mejor no soy la felicidad que soy realmente, porque todavía hay alguien  y solo confío en la práctica de la meditación, en la compasión de la Presencia Consciencia y en la guía de la Maestra Antxoni para ser conducido a la otra orilla del no ego, donde ser y felicidad son sinónimos, allí donde decir “alguien” provoca una sonora  e inconmensurable carcajada cósmica (me imagino).

Por la acción de la sabiduría que se expresa desde la Maestra hay momentos en los que el aroma de la otra orilla, en los que la no-forma Consciencia, se expresa como un anticipo de la total liberación del ego sin retorno posible.

Y surge la gratitud genuina, sin perder de vista que a la vuelta de un segundo el ego en su infatigable estupidez puede apropiarse de esta experiencia fabricando una versión espiritualmente importante. ¡Cómo no! En fin, solo queda practicar y suplicar.
Nadie es feliz. Firmado: alguien (todavía).