Impermanencia

 

Donde digo impermanencia digo cambio. El que salta a la vista o al oído, como el resplandor de un gesto sutil y efímero, o el eco perdido de un sonido de campana dejado a su ser; el de las palabras que apenas recuerdo fueron dichas y cesaron, calladas.  Como efímera es la llama de una cerilla que explota de la nada y en la nada exhala en un  tímido reguero de humo. Aquello que sólidamente estuvo para solidamente marcharse… En fin, las estaciones y la noche y el día … y  aquellos otros cambios disfrazados de permanencia inquebrantable como las rocas, los montes y los mares que solo lo parecen por el estrecho margen temporal que supone una vida humana…

Experimento el flujo de la vida, caótico previsiblemente imprevisible ajeno a mis propias espectativas, a mis necesidades y deseos que, desde la tiranía del ombligocentrismo humano, devienen en alternancias positivas y negativas, las buenas y las malas cosas de la vida.

La  fantasía confesa de un mundo absolutamente a mi medida, como un cuento de colorín colorado, la homeostasis perfecta de logros y aspiraciones siempre cumplidas, como lema y consigna de cada segundo de cada minuto, de cada hora, de cada semana mes y año de mi vida inacabable, maquina en el run run constante de mi cerebro.

¿Inacabable?

La impermanencia se viste de luto. La quimera de la vida eterna muestra el feo rostro de una vieja desdentada y reumática, la decrepitud. El cambio que ya no cambiará a mejor. De nada sirve levantar muros de entretenimientos varios porque los temores a la desaparición se nos pegan al cuerpo como al viajero el polvo del camino.

Llegados aquí donde quedan las loas al cambio como filosofía de café si, más pronto que tarde, descubro mis inteligentes cuartillas de sabios aforismos yaciendo  húmedas de lágrimas y lamentaciones.

Pero ¿es que la capacidad de autoconciencia del ser humano va a significar a la postre solo tener una conciencia anticipada de la propia aniquilación?

De ser así parecería una broma de mal gusto de la evolución, un despilfarro innecesario.

Pero no nos engañemos, el ego pensante no puede salir de este dilema. La impermanencia juega con la contundente ventaja de la fuerza de las cosas como son, y la recurrencia a tramposas salidas, más bien huidas del color que sean para nada sacian la angustia existencial de los seres humanos.

Como forma que somos estamos sometidos a la disolución, y si algo queda claro es que seremos precisamente nosotros mismos quienes no asistiremos a nuestro propio funeral.

Y llegados aquí solo cabría bajar la persiana del materialismo y entonar algún cántico más o menos patético.

Pero y ¿si la broma no lo es tal, y si la autoconciencia lejos de ser el final es apenas el comienzo?

De tal manera hablan quienes durante miles de años afirman haber recorrido un camino de descubrimiento meditativo y que sin negar neciamente la impermanencia y por tanto la disolución de la forma, sino por el contrario ahondando en el mismo cuerpo físico como forma entre las formas perecederas han descubierto la esencia no-forma que nunca ha nacido ni nunca morirá. Desde esta experiencia vivencia,  y solo desde ella, han dejado atrás la patética cantinela del ego sombrío para instalarse en un humor vital sin fisura ni parangón.

Visto así, la impermanencia es a la vez condición y materia de su superación.

De la pesada broma a la ligereza de la liberación.

Para quienes apenas iniciamos el camino meditativo la inspiración proviene de quienes ya lo han recorrido hasta sus últimas consecuencias, y que por fortuna acuñan en su realización la compasión infatigable que sin descanso pugna por extender la liberación a  todos los seres sintientes.

Tengo en mi mente el recuerdo cercano de la repentina enfermedad de un ser de meditación vivida junto a un ser de realización espiritual.

Donde mi tembloroso ego quedó paralizado como un animalito cercado por su predador, al contemplar el dolor inflingido  en lo recóndito del cuerpo, vivido sin posibilidad de huida, sin defensa ni parapeto, la presencia meditativa de la Maestra, contuvo, calmó y resolvió la situación sin dramas ni aspavientos encauzando el proceso hasta su resolución desde una serena ecuanimidad.

Ante tal sabia y contundente acción, el asustadizo e indeciso animalito que me habita, respiró, aflojó hasta calmarse ingresando en una onda de cordura propia de la realidad.

Después tocaba ocuparse y llegó la oportunidad de la disposición, que alentada por un fluir particularmente caudaloso de la Presencia, se mostraba en un modo de ser particularmente más generoso y eficaz.

Llegaron los hospitales y los discursos médico tecnológicos rodeando la cuestión por arriba y por debajo a la derecha y a la izquierda dando en el clavo o dando tumbos que eran reconducidos por una acción recóndita consciente inasible para el conocimiento profesional.

Visitas iniciales, silencios, palabras necesarias aún en su banalidad y de reojo, el animalito miedoso que me habita atento a la rutina de los tubos, batas y zuecos en movimiento, observatorio y túnel del tiempo por venir en un futuro incierto pero ineludible… ¡¡¡Pero esto no cabe ahora!!! Se impone la vuelta a este momento, a la serena compañía...

Después, la implicación en un servicio generoso de tantos y tantas, un río desbordante de afecto y eficacia dejando a las claras cuanto recibe quien tanto da.

Momentos de compartir excursiones de pasillo y escapadas de jardín, momentos felices incluso en medio de los marcos donde el dolor convive con lo excelso de la Presencia.

Lecciones de meditación práctica viviendo con una serenidad y una paz  inusuales las cosas como son.

Y cuando la rutina de lo inusual parece instalarse la rueda de los cambios vuelve a girar.

Se inicia sin dilación y a paso veloz la senda de la recuperación, asombrosa y que asombra a los expertos que, sin otro conocer, tildan de “espontánea” y que no es sino el resultado del empuje vigoroso de la Presencia que no ceja ni a sol ni a sombra.

Fin de trayecto y resumen, solo para quien se ha instalado en la realidad esencial es posible vivir libre de miedos y temores y solo desde esta condición es posible la acción sabia y certera incluso en los escenarios en apariencia más caóticos imaginables.

Únicamente así, es posible transitar de la macabra broma de la patética existencia del ser humano reducido a ser a un animalito pensante al humor cósmico de quien vive libre de cualquier limitación instalado en la no-forma o su ser real.

Son nuestra inspiración…