El desarrollo del intelecto
dormido o despierto


 

El intelecto humano puede estar abierto y al servicio de la Consciencia o bien cerrado y ser vasallo de la inconsciencia dual egoica.

La capacidad de pensar, razonar, como el desarrollo de la imaginación creativa muestran en cada caso muy distintas cualidades.

Sometido a la inconsciencia dual egoica, enraizada en el oscuro inconsciente impersonal de la naturaleza humana el intelecto desvirtúa las cosas y pierde totalmente la objetividad.

Vasallo de las emociones y pulsiones de la polaridad negativa (ego), cabalga, frecuentemente, a lomos de las emociones y pulsiones negativas como el odio, los celos, la envidia y otras, amplificándolas en un continuo girar que retroalimenta el sufrimiento personal y del entorno.

Esta dependencia respecto al ego dual negativo malogra el sano funcionamiento de la mente del pensamiento y la imaginación absortas en oscuras y confusas dinámicas de juicios prejuiciosos, suposiciones falsas, malentendidos, quejas victimistas e incontables batallas con esto y aquello, con unos y con otros, y con uno mismo.

La maquinaria del intelecto está, en definitiva, al servicio del dolor emocional plasmada en muchas ocasiones en actos negativos tanto a nivel de egos individuales como de egos colectivos.

El mismo potencial que en su sano funcionamiento plasma exquisitas obras en las artes e incrementa el bagaje de conocimientos en las ciencias, deambula torpemente, en un somnoliento chocar contra los muros de la estrecha cárcel del ego negativo.

Este hito en la evolución en la Tierra, herramienta maravillosa para la supervivencia y el progreso se comporta como un cacharro que consume nuestra energía vital en una incesante actividad estéril en la que estamos sumidos sin darnos cuenta de ello.

Como una radio estropeada que enchufada a las emisoras de las emociones negativas inconscientes casi nunca se detiene, y no nos permite reposar atrapados en su agitación obsesiva.

El ego en su intento de resolver su propio conflicto, sin comprenderlo previamente, busca huir de esta encerrona en base a distintas estrategias de escape que en muchas ocasiones devienen en adicciones de muchos tipos que a la postre añaden más leña a la hoguera de las frustraciones personales.

Se podría llegar a pensar que es un imposible liberarse de esta prisión cerrada a cal y canto con barrotes que no son de hierro y forja sino de sólidos muros de palabras y más palabras que en monólogos y diálogos interminables constituyen la mente discursiva inconsciente egoica.

Por fortuna, las cosas no son así. La liberación es posible.

Mirando desde la perspectiva que otorgan los años, veo con claridad que había algo en mi interior que vino al rescate. La capacidad de darnos cuenta que traemos a este mundo como potencial humano fue lo que me permitió tomar clara conciencia de que sufría y de que necesitaba buscar una respuesta a ese dolor.

En esa torpe búsqueda, impulsada por la necesidad vital de ser feliz, llegué a concluir que el problema estaba en mí, en cómo funcionaba mi mente, y no en nada ni nadie del exterior a quien culpar de mis miserias.

Al carecer de otra referencia traté de buscar con el intelecto a través de lecturas de todo tipo, topándome con una intrincada y variopinta oferta que iba de lo sicológico a lo espiritual . Posiblemente, habría en todo aquello retazos de verdad,  pero en mi estado no me era posible sacarle mucho provecho. No solo seguía igual sino en muchos casos más confuso todavía.

El intelecto desde la perspectiva egoica , incluso en su vertiente más positiva, tenía un vuelo muy corto. Como mucho intuía de un modo muy borroso que algo diferente podía existir, pero no tenía modo ni manera de acceder a ello por más vueltas que le diera.

Gracias a mucha y desinteresada ayuda pude, a partir de un momento, tener acceso a la enseñanza y la práctica de la meditación.

La enseñanza que recibo junto con un amplísimo y creciente número de personas en Karma Samten Ling transmitida por la Maestra Antxoni me ha permitido primero adquirir una perspectiva, ajena a cualquier juicio, respecto al discurrir de la mente discursiva egoica, una paulatina desidentificación del Golem de argumentos y contra argumentos que me asfixiaba.

Además ha permitido que en las bóvedas de baja altura del intelecto personal se hayan abierto luminosos luceros por los que refulgen los destellos radiantes de la Consciencia cuyo acceso solo está limitado por la inconsciencia que aún permanece en mí para actualizar pero que confirman mi temprana intuición de que hay algo más grande que la vida según el ego.

Es un deleite escuchar la enseñanza en Karma Samten Ling sobre lo que supone que el intelecto se abra a la Consciencia y más todavía en ver cómo vive quien ha trascendido los obstáculos egoicos y transita por este mundo siendo la Consciencia que es, con sencillez y ausencia total de impostura. Viéndole seguir el dictado de la Consciencia sin perder el tiempo en darle vueltas a argumentos y contra argumentos. Viendo su total disponibilidad a realizar la voluntad de la Consciencia por encima de gustos o preferencias, en una actitud de servicio que nada tiene de servilismo porque es absolutamente consciente, es decir, absolutamente libre.

Es un gran estímulo cuando Antxoni nos habla de cómo un intelecto abierto a la Consciencia vuela muy alto y se despliega en dimensiones que son inalcanzables para el intelecto egoico incluso en su faceta más positiva. Es desde esta apertura que renacemos a ser individualidades libres Conscientes.

El razonamiento, dice Antxoni, impregnado por la Sabiduría Consciente deviene en expresión directa de la Vida. Las palabras, los conceptos son iluminados.

La imaginación creadora alentada por el soplo surgido desde la Consciencia se despliega en arrollador fluir, siempre capaz de crear algo nuevo en cada instante. Porque es vida y la vida se renueva instante a instante.

La apertura del intelecto a la Consciencia es una gracia y es acción de la Consciencia.

Solo me queda agradecer, los destellos de esta Verdad, la ayuda de la Maestra y pedir que se dé esta total apertura en todos los seres humanos.