AsÍ en lo macro como en lo micro.


 

Cuando las cosas van mal dadas instintivamente buscamos culpables. Es propio de la perspectiva egoica que el dedo acusador se dirija a los otros.

En los tiempos que corren, la crisis económica aporta una buena colección de candidatos responsables de todos los males: los bancos, los políticos, los ricos, los extranjeros, el capitalismo, etc…

Nos cuesta bastante asumir que en definitiva los otros somos nosotros mismos.

Detrás de las instituciones financieras, de los estados y gobiernos de los sistemas económicos hay personas, seres humanos corrientes y molientes, es decir como yo mismo.

Cuando miro en mi interior observo una serie de tendencias que podrían resumirse en una palabra: egoísmo.

Como característica central de este modo egocentrado de vivirme destaca la prevalencia del interés propio por delante de cualquier otra consideración.

Ciertamente, podemos hablar de matices entre unos y otros y sobre todo según las circunstancias.

En situaciones de abundancia, el egoísmo se viste con ropajes más civilizados. No así cuando los recursos de cualquier tipo escasean donde muestra su faz más mezquina.

Aunque el ego se vista de seda…

Si lo que se da a nivel del individuo lo extendemos a la generalidad nos encontramos con un resultado nada sorpresivo: nuestro mundo tal y como es.

La sociedad capitalista es una réplica perfecta en lo macro de lo observado en lo micro. El egoísmo es aquí elevado a rango de principio rector especialmente en sus versiones liberales o neoliberales. El libre, inconsciente y automático diría yo, juego de los mercados traerá la prosperidad, se afirma. Gran falacia.

Basta levantar la vista para comprobar que el panorama no es nada halagüeño.

Si nos atenemos a la realidad del mundo en su conjunto vemos que el capitalismo ha sido incapaz de generar un estado de cosas en el que todos los seres humanos podamos vivir con dignidad.

Envejecer, enfermar y morir forma parte constitutiva de nuestra existencia temporal .

Pero, morir por enfermedades que ya tienen cura es indigno; hacerlo por hambre o sed cuando hay alimentos para todos también lo es.

Y podría seguir con una larga enumeración de indignidades parecidas que son consecuencia y síntoma de la perspectiva egoica estrecha y miserable.

En este punto habría que matizar que en estos días hablamos de la crisis con gesto cariacontecido ahora que el oleaje amenaza con desarbolar las soleadas playas del estado del bienestar en el que vivíamos más o menos apañados.

Pero la crisis, la otra, la de siempre, la que padecen la mayoría de los seres humanos desfavorecidos parece tener la consideración de un mero daño colateral asociada a la opulencia de los menos.

Siendo en mi opinión esto así, tiemblo no sé si de miedo o de risa cuando escucho a algún político de pro lanzar proclamas tan solemnes como impotentes a favor de la refundación del capitalismo. Suena patético y obsoleto.

El capitalismo como forma que es está sujeto a la impermanencia como todas las formas y tarde o temprano pasará al baúl de la historia.

De momento el espectáculo va de sálvese quien pueda y se va achicando el agua intentando reflotar bancos, monedas o estados enteros con un coste de sufrimiento de alcance impredecible.

Volviendo de nuevo a mi propio paisaje interior detecto cómo el ego además de lo ya dicho, hace de caja de resonancia de un campo de fuerzas oscuras y negativas que siendo impersonales se encarnan en lo personal: el oscuro impersonal de la naturaleza humana.

Cuando tal elemento irrumpe soy manejado como un títere de feria y arrastrado por emociones negativas de alto voltaje y devengo en ejecutor de acciones y actitudes muy dañinas para mí y para los demás. Celos, envidias corrosivas, odios, rechazos, pasiones instintivas burdas y elementales, ambiciones desmedidas y otras.

Esta disposición humana elevada a lo macro permite dar cuenta de toda una serie de fenómenos aberrantes que por desgracia asoman incesantemente aquí y allá a lo largo y ancho del planeta.

Me refiero a conductas tales como el ensañamiento con el enemigo que se produce en los conflictos bélicos donde además de derrotar hay que humillar al contrincante violando a sus mujeres y acabando con la vida de niños inocentes.

También en este aspecto larga sería la lista de comportamientos que cabría enumerar: violencia de género, trata de blancas, matanzas étnicas, invasión de estados para usurpar recursos naturales, esclavitud infantil, abusos sexuales, persecución y tortura de oponentes políticos, masacres por intolerancia religiosa, etc… en las que predomina una oscura e irrefrenable crueldad.

En definitiva, una expresión de lo individual que en lo colectivo adquiere si cabe mayor potencial destructivo generador de sufrimiento.

Ante este patético cuadro que corresponde en lo individual y en lo colectivo a la polaridad negativa del ser humano no hay que rendirse a la pasividad y el desánimo.

Como seres humanos disponemos de la posibilidad de darnos cuenta, de la toma de conciencia, manifestación elemental del Principio Consciente depositado en nuestro interior por la Consciencia. Constituye la polaridad positiva, a la que tenemos acceso a través de la respiración consciente y la práctica de la meditación.

Podemos superar el estado de confusión por el que confundimos nuestro ser real con el ego, al que descubrimos como una entidad fantasmal e ilusoria.

Nos abrimos paulatinamente a la Consciencia, donde el ego y el oscuro impersonal no tienen cabida. Brotan cualidades como la generosidad, el amor, la lucidez, el desapego y la compasión.

Es desde esta perspectiva que me represento nuestro planeta tierra como un lugar donde será posible una vida en dignidad para los seres humanos y los seres sintientes.

No considero posible que esta transformación se dé por el cambio de sistemas políticos o económicos sino por el de las personas. Tal empeño no sucederá como fruto de los esfuerzos egoicos sino como una obra de la Consciencia en la tierra de la que seremos participes en tanto nos abramos a su fluir.

Solo me resta pedir que sea cuanto antes que esta trasformación se produzca y cese el sufrimiento innecesario.

Agradecer a la Maestra y a todos los seres despiertos que se expresan en este plano de existencia por hacer posible la liberación de todos los seres.