Más allá del ego…

 

La ausencia de egoísmo es un prodigio.
No es solo, como pudiera parecer, el hueco desocupado de algo que fue y se esfumó. Es una aurora, el despuntar de cualidades simplemente excelsas, espontáneas, en absoluto premeditadas y esencialmente transgresoras.

Aquellos seres que han ido más allá del egoísmo, carentes de pretensiones, no obstante resultan ser subversivos, sin hacer otra cosa que ser lo que son.

Desde el total desapego, encarnan la libertad total al margen de componendas o compromisos de orden social, institucional o afectivo-emocional.

Sin miedos ni temores se muestran implacables con los farragosos y rígidos armazones de los egos estrechos de miras que se revuelcan en los lodos de la mezquindad y la autocomplacencia.

Resultan ser indigestos, inclasificables, indómitos y sobre todo impecables.

Tienen muchos enemigos que siempre son el mismo: el ego individual y colectivo, al que por otra parte tratan con ilimitada compasión, sabiduría y firmeza, sin asomo alguno de odio o rencor, más bien con incondicional amor.

Nada, en su actuación es fruto de un programa de buenas voluntades, ni de deberes morales ordenadamente clasificados. Es la expresión natural entre los seres humanos de las cualidades de un nuevo ser.

Llamémosles Bodhisattvas, Maestros espirituales, Gurús, Amigos espirituales, llamémosles como queramos que no son los nombres sino sus exquisitas cualidades  las que importan.

Su presencia y su actividad tienen un único objetivo: remover la pesada capa de sueño que nos mantiene ausentes de nuestro auténtico ser.

Son un potente faro que irradia sin cesar la luz de la Consciencia que impacta certeramente en nuestro desolado corazón.

Sin descanso, más allá de los riesgos razonables, a costa de la salud del cuerpo que, desde el absoluto desapego, viven solo como un medio, rozando la fina línea que los mantiene vivos como manifestación física concreta, su actividad se muestra generosa, imperturbable y desbordante en bendiciones allí donde se expresan como forma y allá donde la Consciencia abarca: el Cosmos entero.

Gracias a su benéfica influencia, y solo por ella, podemos iniciar el camino de retorno a nuestra auténtica realidad que en ellos se muestra plenamente realizada.

Sin su guía en el camino espiritual, sin su referencia, sucumbimos inexorablemente en las pesarosas tinieblas de los egos malheridos, sin poder diferenciar si entramos o salimos del laberinto de la confusión samsárica.

Alimento y nutrición hasta el Despertar total son las auténticas parteras en el alumbramiento del nuevo ser humano auto transcendido.