Viviendo la impermanencia

 

El ego es impermanente, una ilusión de la mente superficial que nos tiene hechizados. Los cambios constantes llevan al ego a una situación caótica. Teme los cambios, tiembla, se pone nervioso, porque ponen en peligro su propia existencia. Cree que los controla, que puede adaptarse a ellos que pueden ser positivos y hasta beneficiosos para su supervivencia. Se aferra obsesivamente a todo lo que ya conoce, sobre todo si le resulta agradable.

Cuando la vida le enseña la lección de la impermanencia con cambios constantes, prolongados e incesantes, se siente acorralado, en peligro, cercado; pierde el control, se imagina a sí mismo al borde del abismo.

Un buen día cansado y aturdido con tanto ajetreo, acepta lo que hasta entonces le parecía inaceptable.

Se rinde a la evidencia de lo inevitable. Al perder un fardo tan pesado, más ligero que nunca, divisas la luz al final del túnel oscuro.

Aunque el ego nunca quiere desaparecer, la Consciencia lo pone en su auténtica realidad, a punto, en su inexistencia, disolviéndose ante la potente Luz de la Mente Consciente.

También el cuerpo, la salud, la vida de las células, el vigor y energía físicos son impermanentes.

Conectado con la Esencia, incluso la muerte de un miembro de la Shanga, se vive en paz, con amor, en serenidad permanente. Brota una profunda alegría interior ante la maravillosa labor de la Consciencia que transforma la muerte del cuerpo físico en un Despertar a la Mente Consciente. En esta ocasión, se ha evidenciado en un miembro de la Shanga, que se puede Despertar incluso en el umbral de la muerte.