El ser buscador
El ser
buscador planeaba incansablemente,
en los
límites de una mente ignorante,
poder vivir
el Eterno Instante intensamente.
Sin
etiquetar con un concepto, ni saber el porqué,
emprendía
difíciles y arriesgadas escaladas
de las más
altas montañas, siendo combinadas,
con
liderazgos en el correr delante de bravos toros,
en cuyas
acciones llegaba a sentir vívidamente,
la total
atención en el ahora de la mente.
Eran
evasiones en el cruzar los sombríos confines
del
habitáculo en penumbra de su egoica mente.
La práctica
meditativa iluminó los retos de su espíritu,
sometido al
flujo del instante cambiante, alternante,
redescubriendo la chispa de luz y calor perdida.
Llegó a
percibir la cálida energía
del
maravilloso rayo de la Sabiduría,
liberando
al apresado ser terrenal
de la savia
del placer y lágrimas
que la
semilla de confusión samsárica exigía.
Desde el
fuego de la llama viva en su corazón,
el ser
vivió ingentes recursos en su acción.
En el dar
respuestas precisas a cada instante,
en inmensas
posibilidades
de
improvisación se descubría,
desde que
en su identidad profunda
se
reconocía;
contestaba
a cada nueva situación
sin
prolongadas reflexiones en la decisión,
con la
interna visión,
de la
genuina inspiración.
En medio de
unas fiestas bulliciosas,
que en la
inconsciencia a los seres sumergía
la demasía
del alcohol y otras drogas,
su
meditación en el lúcido Aquí-Ahora, le llevaba
a observar
la impermanencia
- euforia - depresión
de estados
mentales =
- alegría -
tristeza.
Cualquier
marco samsárico lo tomaba como bueno,
para relacionarse con el mundo tal cual
es,
al
revelarse su innata naturaleza despierta.

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