Vuelta al estado natural

 

Dejando el tiempo que pasa como nubes
en las toscas reacciones en las que subes
y bajas en perturbadoras emociones,
con los minuciosos matices en las sensaciones,
descubres que el ser humano es muy soberano.
Si en las formas sansáricas que encontremos
lúcidamente miramos, al Nirvana hallaremos.

 

El ser decidió pasar de la reflexión
a la disciplina práctica de la meditación,
muy atento a la mente egoica en la observación.
Apareció el flujo de actos inconscientes como visión
a los que, hasta entonces, había consentido.

 

Un nuevo susurro llegó al oído interior de su espíritu.
Eran vibraciones sutiles de delicada armonía,
que se tradujeron en un juego congruente,
que revela la compasiva grandeza del corazón humano
cuando halla el secreto de la Fuente Atemporal,
despertando del dormitar en los minuciosos matices
de las pequeñas cosas diarias.

 

En la Presencia Atemporal descubrió
la clave de significaciones interiores perdidas.
Al abrirse su corazón a la Labor enigmática del Espíritu en todo,
en su mente la percepción de las cosas cambió.
En el Instante del Aquí-Ahora el ser actuó
y sintió sinfonías llenas de sentido real.

 

Desde su corazón espiritual halló el paso
al espacio de la morada abierta,
sin muros ni límites,
de la luminosa vacuidad gozosa.