MUERTE INCIERTA

 

Caminando lenta y torpemente,
en la cerrada nocturna niebla,
con el ansioso corazón en tiniebla,
el falso-yo atravesaba enjuto
un mundo de intensa desazón
en el hambre conceptual de la razón,
muy lejos de la Verdad
y del pensamiento luminoso.
En sus límites de estrechez,
torpor, apenas podía sobrevivir.

 

El secuestrado ser espiritual,
buscó sinceramente la liberación
en la práctica de la meditación
A samsara dejó de prestar servidumbre
al contemplar la muerte con incertidumbre.
Vivificó la comprensión de la ilusión
de cada cosa que percibían los sentidos,
sin alucinar en los hechizos de percepción,
la magia de los sueños la vivía sin distorsión
en cada sueño nocturno y diurno.

 

Descubrió un nuevo espacio
para salir del sufrir,
el gozo fresco del infante,
en el lúcido percibir,
en una renovada dimensión de vivir
la muerte física como incierta
desde una mente presente y despierta.

 

El ser se reconoció en lo único real,
en su identidad profunda: mente-espíritu,
que no muere ni desaparece jamás
al dejar el cuerpo burdo material,
ni en los impactos ficticios de lo irreal.