Inconsciencia-consciencia

 

En el gran autómata egoico se apoderó
la fuerza de los ciclos sin fin del deseo-apego,
que asaltó las rutas de la ambición-avidez.
Serpenteaba en los ciegos pensamientos,
avivando sensaciones, emociones,
pasiones en las relaciones,
que no llevaban a otra parte
que no fuera a obedecer, de modo inconsciente,
a los fines ignorantes de los ciegos deseos.

 

El verdadero ser demandante de luz,
se erigió en la conciencia lúcida
capaz de disolver la oscuridad y confusión egoica,
y en el Universal Dharma halló la guía
que, más tarde, le llevaría
a la feliz playa no dual de la Sabiduría.

 

En la meditación vipassana aprendió el ser
a actuar de modo consciente.
La profunda visión cercó los viejos instintos
e iluminó los impulsos de sus actos reflejos automáticos.

 

Se reconoció en su profunda identidad Atemporal que no perecía
con el cesar del aliento y el cuerpo,
cayendo todos los miedos
ante la idea de la muerte física.

 

En la apertura de sus oídos internos
pudo escuchar la obertura musical del Gran Silencio
que entona la mística melodía
de la gran sinfónica universal armonía.