ADIESTRAMIENTO MEDITATIVO

 

El confuso ser había renunciado
a su intrépida vida de aventuras
en los peligrosos ámbitos samsáricos
de ignorancias desnudas en miserias
en las que no podía resistir, vivir.

 

Su mente parecía amordazada,
sumergida en una oscuridad
aún no disipada por la luz.
Por ello, la mirada hacia las alturas
era muy ajena a su visión.

 

Demandando intensamente la luz
seguía en las pistas tenebrosas,
mas su espíritu, a tientas,
se movía en pos de la consciencia.
Salió de la escabrosa noche
con los rayos de la luminosa aurora
que le hicieron vivenciar
en un solo instante, el AHORA.

 

No dudó en seguir la vía de la meditación
y como buen párvulo primerizo
aprendió sentado a contar respiraciones,
con plena conciencia, sin distracciones.
Al salir su aburrida mente
por juguetes de gozo en sensaciones,
se adiestró a estar sin diversiones
y muy pronto recibiría comprensiones:
para gustar el conocimiento directo,
esencial en la búsqueda humana,
es necesario salir de la dispersión
con la base de buena concentración,
saliendo de toda superflua distracción.

 

Desde la lúcida vigilante atención
llegó su mente a la profunda visión
de que la emotividad no canalizada
era la causa del conflictivo samsara.
El ser se entregó a la meditación
y vivió en la dicha del Nirvana,
en la Presencia AQUÍ-AHORA.