Hacia el despertar II

 

El falso ser egoico,
rodeado de signos indicadores
de su embotada sensibilidad,
se hizo oculto y extraño
a la  espléndida poesía del amar.

 

Se separó en su cárcel interior
con ilusorias murallas,
cuya fragilidad 
no podría largo tiempo durar,
por que su ser despertó
y pudo conocer
una más amplia visión
desde las incansables 
delicias de su corazón,
en el que todo se vivía 
como unidad,
como afín.

 

Dejó de soñar los sueños invisibles
y comenzó a respirar
en el aire secreto de la cálida sabiduría.

 Se abrió a un camino de gozo creativo,
ya despierto de su pesado sueño.
Su mente se elevó 
a un espacio puro,
en el que sentía y respondía
al inmenso Gozo y Compasión del  Universo.