Hacia el despertar I 

 

El taciturno y desvalido ser humano
se sentía opaco en su mente no despierta,
perdido en el dolor 
de los oscuros abismos del inconsciente,
con sus tenebrosas ideas impensadas.

En su vida ordinaria terrenal
despuntaba la pálida luz
de la aurora espiritual,
que apuntaba 
a la clara luz del día
de la luminosidad consciente.

 

Un claro vislumbre de nueva visión
en sus ojos interiores ya emergía,
al ser acariciados 
por la brisa de la sabiduría,
invitando a su verdadero ser
a la lucidez de la danza de la belleza mística
en el viaje de ascenso humano de la frustración,
 aparentemente sin fondo,
a la gozosa liberación.