Inseparabilidad samsara-nirvana

 

Resonaban gigantes las olas del samsara
en la noche clara de luna llena,
y nirvana era la ninfa que mostraba
el espejo de la clara mente Dharmakaya:
espléndida, azul lapislázuli, 
mar en profunda calma.

 

Samsara es acosada 
por los destellos de la ilusión 
en lo profundo de la desolada noche.

En forma de cálido susurro 
y luminosa mirada,
muestra nirvana al dolor: dolor-delicia, como
la sombra trazada en el más sublime gozo.

Como ciervo sediento detrás de un espejismo,
corre samsara en el mundo de los sueños.
Nirvana le sigue en ese juego sin sentido,
gozando de la real calma-acción Dharmakaya,
desde donde surgen miríadas de variadas formas.

 

En medio de verdes malezas en vastos bosques
de confusos pensamientos, transcurre la insulsa
andadura terrestre de samsara; cual desnuda cumbre
de silencio emerge nirvana, con sonrisa que despierta a la 
vacuidad-compasión, un dardo de sublime amor, que tiernamente cautiva.