Observación de la mente

 

Observando sin observar concretamente algo,
mira el mirar de la visión profunda a la red
que atrapa a la mente en el samsara,
a fin de que quede solamente la mente despierta y real,
que disuelve el calor de la inestabilidad emocional,
aliviándola con el agua fresca espiritual
del poder incondicionado de la consciencia,
en el despertar el ser a la insondable musa mágica
de la nada-vacuidad gozosa.

En el poder incondicionado por la apariencia de las cosas,
se revela la Presencia-Consciencia en el Aquí-Ahora,
borrando en el espíritu las trémulas huellas
de angustia de su viejo mental cansado e insatisfecho
de su ignorante somnolencia,
deja que se desvanezca lo que antes fuera
el cadáver de su apego-deseo.

La mente puede descubrir en esa disolución egoica
la profundidad de la maravillosa nada-vacuidad
y se reconoce a sí misma
en el espacio luminoso de la bastedad inmensa
abrazada en la compasiva mirada de la Madre del universo.

Desde esta inmersión-vivencia en la vacuidad gozosa,
hasta los actos cotidianos
se impregnan del imprevisible estimulo del Real Instante,
dejando la seducción de las trémulas bellezas de los senderos aparentes,
el ser se inicia en el vibrante color de la naturaleza
del poder espontáneo de la consciencia,
que transciende su frágil pequeñez humana
hacia otra amplitud y beatitud,
a una forma humana despierta,
dejando la semilla del dormitar en la ilusión terrena,
con su exigencia de placer-lagrimas,
colma en su estado natural
el espíritu de unidad del amor imparcial de la Madre Universal.