MENTE

 

I

Al percibir la mente transcendente en la solitaria aurora,
el ser que es transportado a los ligeros vientos amorosos
del constante fluir de los espacios luminosos,
descansa placidamente en lugares silenciosos y bulliciosos.
En la experiencia espiritual instantánea del ahora,
disuelve el velo kármico acumulado en miles de horas.

 

II

El espacio vacuidad no tiene periferia ni centro,
la transparente mente despierta percibe en el momento
el permanecer en el estado de no pensamiento.
En la unión de cabeza y corazón, nace un sentimiento
en el discípulo que, con el maestro, objeto de identificación
no hay separación. Con intensa unción brota la devoción.

 

III

Cada situación de la vida entraña su propia belleza
cuando la mente descansa en su estado natural,
desapareciendo la dualidad egoica que se esfuerza
en logros o luchas violentas de manera antinatural.
La acogedora energía consciente que todo lo abraza,
espontáneamente los opuestos transmuta en su única fuerza.

 

IV

El ser llega a vivir desde el realismo de la Presencia
que el cuerpo, como caña de bambú, no tiene sustancia
y experimenta que su vacua mente es en esencia,
como el mismísimo espacio, pura consciencia.
Ya puede la mente descansar suelta ante tal evidencia,
libre de deseos y de los extremos, en la plena existencia.

 

V

Lo turbio mental se aclara ante los lúcidos ojos
que ven, sin aceptación ni rechazo, los enojos
y los apegos fantasiosos de rituales en colores.
Al cortar las raíces samsáricas, con sus horrores
insustanciales en creaciones constantes: odios-amores,
la mente se disuelve sin apoyo de despojos ni antojos.

 

VI

En la mente despierta el ser puede vivir longevamente,
sin canas ni achaques, en un crecimiento constante
a semejanza de la luna en su fase de cuarto creciente,
despliega sus potenciales , volviéndose más y más radiante.
En la ausencia de deseos y apegos desarrolla plenamente
la unión del gozo-vacuidad y lo armoniza perfectamente.

 

VII

Hasta los movimientos del cuerpo ágilmente se vuelven
auténticos, si permites que sus tensiones se calmen.
Dejando que las habituales ociosas chácharas cesen,
harás que tus palabras en ecos conscientes se transformen,
percibiendo que ni las densas nieblas terrenales oscurecen,
el brillo del Dharma del salto en su origen.

 

VIII

Ser que abandonas en el mundo fenoménico la fascinación,
cuanto ocurre como juego de fuerzas te aporta la intuición
que el maestro se expresa con personal amor y compasión,
para que vivas todas las energías en hábil comunicación,
transmutando la agresión-confusión en colorida inspiración
magnetizadora de la unión visión-corazón en la devoción.