Meditación

 

La lúcida atención vigilante, indispensable acompañante
en el camino que lleva al corazón de la meditación,
faculta para que el ser despierte de su condición oculta
de identificaciones en el juego mental de creaciones egoicas,
que cada vez se sutilizan más y más.

La visión penetrante modifica las raíces mismas de la mente,
única vía para desenraizar lo falso egoico y comprometerse
en el proceso de transformación y purificación espiritual,
con una actitud de apertura a la mente no condicionada:
a la Presencia-Consciencia que adentra en el sentir gozoso
de un espíritu que responde al deleite de la vida
en la dimensión de una nueva verdad,
reconociendo las cosas tal y como son:
vacuas y llenas de una simplicidad mágica.

No siente el ser la menor dicotomía entre lo que es interior o exterior.
Libre de rechazos-querencias no desdeña el dolor físico o mental,
viviéndolos con la misma naturalidad que percibe el agua, el aire o los árboles.
Teje la vida terrenal con todo lo que conlleva la vida humana terrícola.

Con sincera apertura conecta con el fluir de la energía consciente,
coparticipe del poder de la presencia,
en un espacio espiritual en creciente expansión,
en el que la ambigua dualidad se diluye y confluye unitariamente
en la alegría de trascender los límites de la razón,
para converger en la intuición del corazón,
cuyo sabor atemporal inspira los efímeros pasos
en los fenómenos impermanentes,
en un nuevo salto de una magnitud llena de vida.

Al disolverse las cargas
del deseo-apego de la vida condicionada,
el ser es atraído como por una imán
hacia la quietud amable de la luz inefable
del entrañable Espacio-Vacuidad.

 

Comentarios


I

Pueden vivirse los fenómenos como una óptica ilusión
si se da la observación desde una profunda visión,
en la que la misma exuberancia imaginativa no sea nociva,
sino sugestiva de una meditación carente de toda confusión,
que vive la interdependencia de las cosas de manera creativa.


II

En el fluir de los pensamientos podrán verse los destellos
de los ricos episodios mentalmente espléndidos y bellos,
siempre que se contemplen sin apegarse a ellos.
Mirándolos con lucidez sin querer para nada retenerlos.
El libre resultado del juego que se juega está en observarlos.


III

No será muy importante para la vida de meditación
que de vez en cuando se rompa la vigilante atención,
siempre que la mente esté en la relajada observación
del ir y venir de los conceptos-fenómenos sin interpretación,
dejando que las cosas sucedan tal cual son, sin identificación.


IV

Meditar en los espacios y tiempos de retiro solamente
sin una energía cotidiana de conciencia meditativa suficiente,
no permitirá estabilizar la atención vigilante en una mente
firme, para no dejarse arrastrar por la ignorancia fácilmente
y desarrollar la visión profunda del aquí-ahora consciente.