Unificación mente-cuerpo

 

No se trata de repudiar el legado como ser humano,
viéndolo semejante a un vestigio tenue
de simples necesidades animales.
Cuando desaparecen los extremos luminoso y oscuro del ser,
el espíritu al principio se mueve en una media luz
que funde la oscuridad hasta hacerse
plena luz en la realidad de su estado natural,
capaz de llenar la vida humana de color, calor y gozo,
desde el aliento espiritual del vasto soplo compasivo del espacio luminoso.

Hasta el cuerpo físico humano,
cuando es animado por la mente real,
se mueve y expande armónicamente
de manera unificada en toda su actividad.
Vibra al unísono hasta en la dinámica
de sus vísceras y órganos, tanto para retener y asimilar sustancias,
como para eliminar los líquidos y residuos orgánicos.

Esta unificación mente-cuerpo
se mantiene con vibraciones de cohesión
desde el corazón a la respiración,
temperatura, el flujo de los líquidos,
movimientos corporales, los cinco sentidos ...

Desde el vínculo secreto de todo lo existente,
los movimientos vibratorios confluyen conjuntamente
en modos burdos, sutiles y muy sutiles,
expresándose como el yo-egoico,
el ser abierto al infinito y las potencialidades conscientes.
El conjunto de todos estos elementos
se une de manera indivisible
en la atractiva danza samsara-nirvana.

Desde la fuerza consciente despierta de su mente solitaria,
abierta a un vasto corazón,
transforma el mal que le aflige en sus raíces samsáricas,
actuando también en la configuración psicosomática de persistente dolor frustrante.

El ser deja a un lado todo lo que no lleve a la iluminación
y potencia todo lo que debe obtenerse
como bondad en las virtudes-cualidades positivas,
en el desarrollo de la atención vigilante consciente.

Al despertar su mente,
en un día como los demás,
advierte que el empuje
que se expresa a través de la secreta ayuda espiritual,
hace que pueda suceder la inevitable liberación de todos los seres,
también en la somnolencia original de la tierra.

Contempla con nueva mirada
a este sonriente, verde montañoso entorno ignorante,
en el momento que su espíritu se abre al Espíritu en todo,
hasta al extremo tenebroso de las cosas,
en cuyas dificultades va tejiendo la espada mágica del conocimiento,
para reconciliar el corazón desgarrado y discordante
del hombre que lucha contra si mismo,
transcendiendo el yo-egoico burdo a la vacuidad,
animada por el fuego Sagrado de la Sabiduría,
que ilumina todos los ámbitos de la existencia.

El calor místico hace que
hasta los pensamientos discursivos de la mente egoica
se tornen en conciencia trascendental unitaria.