El despertar del inconsciente

 

La frustración constante como ser humano hacía sentir, presentir,
a su espíritu, que otro modo de ser podría ser posible
dentro de la transitoriedad de todas las formas afines
y de las sensaciones, a veces placenteras, otras veces dolorosas.

Imprevistamente surgió un estado mental
no condicionado por lo transitorio:
era la vacuidad llena de vida
que soltó de manera espontánea
los apegos a las aventuras del azaroso samsara,
experimentando espacios de libertad
en una mente hasta entonces inmersa
en las matrices oscuras del inconsciente,
con sus movimientos mecánicamente repetitivos
de sueños ignorantes sin rumbo y sin vida.

La experiencia del vacío compasivo
no dejó al inconsciente indiferente.
Al ser tocado por los rayos de la luz de la Presencia,
la oscuridad de los abismos
despertó a la maravillosa magia de la Verdad.
Sin saber cómo, todos los espacios mentales
despertaron a vivir, a ver, a sentir
el gozo del toque consciente:
una experiencia de vida
que transfiguró las antiguas escenas de oscuridad y dolor,
abriendo todas las puertas a la vivencia plena
de la belleza espiritual.

Con su pecho abierto a todo y a todos,
en perfecta conjunción
de lo de arriba con lo de abajo,
su ser se identificó con la naturaleza toda:
el amor imparcial es amor universal.
La apertura del inconsciente al espacio consciente,
hizo que solo viviera la vibrante vida
del vacío gozoso consciente:
únicamente escuchaba el latido del corazón espiritual
en la Presencia Atemporal.