PARA RECORDARTE

 

Tu presencia radiante
Maestro amigo,
tocó, como Dios toca,
abriendo, colmando, dando la vida
que ya era tuya.
Y la puerta secreta
derramó su luz,
que era fuego de amor,
descendiendo como lava.

El corazón abierto latía
agrandando el pecho,
acallando todos los ruidos,
sonando como el ruido primigenio,
gestando la vida, el calor.
¡Oh! unidos ambos fuegos,
en el gozo, en el amor
de la luminosa Presencia.

En el fondo, también latía,
era una rosa de calor,
girando en pétalos de deseo.
Al fondo, palpitando, en su soledad,
en su silencio, buscando
subir, fusionarse con otros fuegos
en otras flores todavía durmiendo.

En otro círculo más amplio,
como bola de luz gozosa,
el cuerpo se funde en llama
de amor, de dulce e intensa Presencia.

Todo, para recordarte
lo que eres y serás
tras la confusión, la tristeza
que vuelve y oculta.
Pero tu sabes que el brillo de la verdad
resplandecerá, radiante para siempre,
pronto, cualquier día, pronto, pronto.