NO ESCUCHES
LAS VOCES FAMILIARES

 
No escuches las voces familiares,
no sigas el camino de ayer,
 no esperes. Abre
 la puerta, que descendiendo
 sube al más alto silencio
 y flota como ala de luz.

 Cierra, con muchas llaves
 el camino del laberinto,
 solo por estos momentos eternos,
quema, por favor, las etiquetas,
quítale el brillo a las palabras,
 acalla las múltiples razones.

Mécete al fin
en los brazos dichosos de lo atemporal,
confía, el día ha traído,
una ofrenda de milagros y regalos.
Esta maravillosa profundidad del silencio.