AL GRAN BODHISATTVA CERCANO

 
Desde los remotos, recónditos espacios,
 una y otra vez vienes, Gran Bodhisattva,
transformando amorosamente
 las tinieblas, la confusión,
 el dolor lacerante, la alegría falsa,
 la complaciente satisfacción hueca.

No hay palabras hermosas,
 ni delicadas metáforas para expresar
 tu grandeza inaprensible,
 la generosidad hecha esencia
 sin límites, la claridad lúcida
 que lo abarca e ilumina todo.

Vienes y blandes la verdad
 en tu sonrisa amorosa,
que despliega, como un arcoiris
radiante, tras la tormenta,
 la luminosidad del sol en el cielo,
 diluyendo: las nubes, la ignorancia, el dolor
que entra en tu corazón
 y sale de él pura dicha,
 para alimentar y curar
 los corazones de los humanos,
 el sentir silencioso de los bosques acosados,
 el frío corazón  del hielo olvidado,
 la música profunda de la tierra,
 del cosmos, latiendo en días,
 en estaciones perdidas.

Vienes, y tu corazón abierto
 realiza el alquímico milagro,
del lodo doloroso, sales
 vibrando, primigenia, poderosa,
 amorosa luz, la misma
 que derramas sobre esta mano
 que intenta nombrarte.
Gran Bodhisattva cercano.