Saturno

 

Saturno, oscuro devorador,
en las luces de la noche
deambula tu tristeza insaciable,
buscando hijos tiernos para tus fauces.

Llamas a mi puerta
con tus dedos de muerte.
El claro espejo de mi identidad
profunda, refleja tu rostro:
mis apegos, mis cadenas,
el falso brillo de lo que perece.

 

Veo tus hurtos y el dolor
quiere cobrar su deuda,
Pero el espejo es un lago profundo
de plenitud y calma serena,
y su luz va soltando
las cadenas, diluyendo
los endurecidos cristales del ayer,
poco a poco, soltando lazos,
amarras que sostienen frutos envejecidos.
 

Saturno, oscuro devorador,
veo tu boca insaciable
y nada evitará que tus fauces
engullan lo que celosamente guardé,
liberándome del brillo
aparente y falso de mi existencia;
para que pueda surgir e instalarse
para siempre, la bola roja
de amor y luz que habita en lo oculto.