A LA NIÑA INTERIOR

 

 I

Tras las capas de nácar,
la perla tiene
un pequeñísimo grano de
arena que sueña 
con el inmenso mar
de donde proviene.


II

Extiendes tu mano 
desde el fondo de los días;
bajo el brazo, un juguete
llamado tristeza con el
que distraes horas,
días, años de soledad,
allí al fondo.

Tiras de mí hacia la conocida
ciudad del "no puedes, no sabes,
está alto..." dices: "deja
todo y ven conmigo
hacia el silencio 
y allí, acúname".

Oigo tu voz, conozco tu mirada
en esta heridada, en este centro 
oscuro y cerrado, desde donde
has intentado controlar el mundo.

Con cuanto trabajo coloqué
plumas, colores, para que
te dieran, niña mía,
amor, atención y también
obediencia. Con tus ojos
tristes estirabas la rienda,
hasta hace poco, ciega,
de mi vida sufriente.