AL MAESTRO

 

 I

Ni en la tormenta
ni en la calma
el faro inquebrantable
apaga su luz, corazón palpitante
que ilumina y guía
la mar entera.


II

En lo sobrio, la plenitud
en la sombra la perfección:
fuerza, sabiduría,
amor, alegría.

Nadie ni nada
le toca, nada le muda.
Todas las cadenas rotas.
Amplio como el cielo
más calmo del amanecer,
leve sobre la tierra.
sobre las nubes grises
remontas el vuelo
para brillar, todavía más,
reflejo, sol del paraíso
en el que habitas 
y al que con mano
segura y suave
nos guías.
Contenido todo en un 
cuerpo y en un nombre
al que el azar más venturoso
puso en nuestro camino.

 

III

 

Lago azul de espejo
Las montañas rodean oscuras
La quietud del agua
Que exhala , desde lo profundo,
 la luz  intensa, cálidamente abrasada.

 El fuego en la noche guía
Al caminante perdido
Entre densos bosques:
Misterio, enigmas, sombra...
Tu voz , le guía.

 

IV

Guardo tus palabras
Como joyas forjadas
En la simplicidad milenaria 
De los seres perfectos.


 Lejos de la elocuencia
Vacía y bella de los doctos.
Ajustada horma, os ceñís
Al esquivo y sutil concepto.


Palabras perfectas
Que oí muchas veces
Y tiré como piedras de oro
Al olvido de la ignorancia.

Hoy como tesoros luminosos 
Las guardo para que me guien
En la oscuridad del engaño
Y pueda soltar, eslabón a eslabón
Las alas aprisionadas
Del ave de luz que anhela
Fundirse en el basto espacio.


Inmensidad libre donde vivir
Amando, expandiendo, iluminando
Como tú, en el olvido
Generoso de tus regalos,
En el gozo libre de deseo.