A MI MAESTRA

 
Sólo vine a darte las gracias,
por lo que no pedí y recibí,
por tu entrega incondicional,
por la mano compasiva
que me tiendes cuando resbalo,
aunque sea en el mismo charco,
por tu rotundidad cuando me desvío
y corro el riesgo de perderme.

Sólo vine a darte las gracias,
por la nueva flor
que está enraizando en mi corazón,
que tú nutres y riegas,
enseñándome a protegerla
de la maleza.

Sólo vine para darte las gracias.
Hecho esto me voy;
pero no parto sola,
voy con tus bendiciones,
con esa palabra siempre acertada,
con ese silencio preciso y precioso,
con mi ser lleno de gozo.

Todo mi ser rebosa gratitud,
pero yo...
sólo puedo decir gracias.