Las presencias

 

Con cada respiración, la mente superficial se aquieta.
Amplios espacios se abren.
Están dentro de mí, y fuera de mí,
tanto si mi atención se dirige adelante, atrás, o a los lados.
Espacios inmensos, quietos, sin límites, sin  fronteras.
Y mi conciencia es ese espacio.
Dentro y fuera, aquí y ahora, pero también parece extenderse hacia lugares distantes.
Entonces llegan las presencias de cientos de seres que, como retratos tomados en un instante de sus vidas,
vienen a mí, con la expresión exacta que tenían cuando se congeló su
imagen.Son viejos o jóvenes, hombres y mujeres a los que jamás he visto.
Yo no sé si están vivos o están muertos. Uno a uno llegan.
Vienen desde un dolor, un pequeño nudo en el interior de mi cuerpo que se abre durante la meditación. Tras unos instantes, se alejan y vuelven a sumergirse en el espacio inmenso, atemporal y sin sustancia, donde todo existe y nada es.
Los dejo ir, sin intentar retenerlos, solo constatando que allí están, allí están ahora o han estado siempre y mi conciencia, por alguna razón extraña, puede abrir una pequeña abertura a través de la cual se muestran.

John Berger hablaba en alguno de sus hermosos poemas y pequeños ensayos, del círculo externo a nuestra realidad donde permanecen los que han muerto.
Yo siento que son ellos, que se muestran durante un instante y  luego vuelven a cruzar el límite hacia otra realidad.