Toro bravo

 

 Sin honor,
sin entender nada.
Cabalgando en la furia de palabras amordazadas.
Gritos mudos que desgarran las entrañas,
que ofuscan la mente,
que matan.

Aturdido,
sin comprender nada.
Levantando y demoliendo hasta siete casas.
Afilado y brillante el filo de la navaja.
Herido de muerte
el ego sangra.

Sabiduría caótica del sin sentido.
Espada implacable de corte certero.
Caída libre en el abismo ciego,
a tumba abierta,
a pecho descubierto.

La orgía de dolor brama justicia y te reclama.
¡Toro bravo!
Cantos rotos de sirenas frustradas que saben
que sin ti no son nada.

Más con la fuerza de tu raza detienes la embestida.
¡Toro noble!
Y ante las artes del Maestro Picador no huyes.
Bajando la cabeza, le esperas.

Entregado,
sin aferrarte a nada.
Afrontando la locura del mirar tu parte oscura.
Generosas lluvias de Bendiciones te regalan
la Presencia como sustento; y en su seno,
la comprensión lúcida,
la verdad de la existencia.

Y así,
desnudo de razones,
atrás todas las pretensiones,
en tu vida sólo queda
tu corazón en carne viva,
que vivamente anhela
que caigan todas las barreras
ya,
sin más esperas.