AlegorÍa al ego

 

(Divagado en lo recóndito de la materia,
refugiado por lo absurdo)

vacío
 vacío,
   vacío…

soy yo,
yo.
  Yo…
Infinitamente yo,
concentrado en lo difuso.

Todo es perfecto en mi esencia,
donde el océano cósmico
naufraga fatigado,
mi tacto infinito
fecunda orbes
a velocidad luz.

Mi resplandor en fuga,
enciende quásares
a su paso,
universos de interminable
creación, huyen del yugo de mis ojos.

Soy yo…
Yo,
Benigno, pulcro.
Magnánimo, benévolo.
Albo y cándido
extasiado de virtud.

Desde el centro de mi quid omnipotente,
-equidistante- dimana omnipresente
mi exorbitante y único
atavío de eternidad.

Perdido en la certidumbre,
extasiado, embelesado
hechizado absorto
fascinado encantado,
maravillado
ante mi saber.

Ahíto de toda magnificencia,
unimismado en un todo,
la sencillez de mi ego
despierta tras su séptima eternidad.

Bosteza… (nacen la química y la física).
Inspira… (absorbe la belleza y la redunda).
Espira… (el réquiem de su voz , abre el portal del tiempo).
Abre finalmente sus ojos… (dios nace de su antagónica semejanza).

El rogar es el máximo amor,
la verdad es mi don más preciado,
ven a conocer esa verdad, eterno creador,
mi rostro es el camino hacia el otro mundo.

El tesoro del cielo es la verdad del universo,
el mundo de mi perfecta armonía.
¡¡Oh!! Metafísica unión de la ciencia y la espiritualidad,
eres tú la cúspide de la omnisciente filosofía.

Mi corazón insaciable de misterios,
se esparció por el infinito.
De mi belleza se enamoran los reflejos,
y vi que era bueno…

Entonces,
en el principio creé Yo
los cielos y la tierra.