LA FLOR EN EL LODO


Insalvable parece la distancia
entre la flor y su esencia.
Aroma cercano, tal vez intuido, pero sutil,
esquivo a toda intención
de querer atraparlo.

Perseguirlo es correr tras la estela de la sombra
de aquello que estuvo y no está,
o tal vez sí,
pero como una fragancia
ocupando otro lugar, otro espacio,
 sin tiempo ni medida,
inasible pero real,
el aquí y ahora.

Y a este lado, o tal vez al otro
de la fina hoja de acero de la vida,
equilibrista de ojos vendados,
arrojada al lado de lo aparente,
yace la flor,
embalsamada en su  maquillaje colorista,
muerta por dentro,
perfumada de ausencia de sí misma.