EL SOPLO DE LA VIDA

 
Como brisa que despeja el rostro,
ventana oxidada,
herrumbre de inmovilidad,
pasado,
ausente presente,
empuja la Presencia con su Gracia,
como si nada,
la burda existencia gris, anodina,
a la sutil y crepitante vida
instante a instante renovada.

Cascadas de perlas luminosas
inundan el reseco y angosto territorio
donde la flor del espíritu,
ni se intuye,
corazón, desierto,
desesperado, sediento,
ni se reclama
creyéndolo espejismo,
necedades del ansia.

Más tal es su compasión
e intensa su fuerza
que la Presencia desbarata,
ardoroso fuego,
las gélidas murallas
de las aparentes verdades,
ilusorias realidades,
desgranadas como arena
entre sus dedos hábiles,
espíritus al fin liberados,
moradores del eterno instante,
inmóviles viajeros,
sueltos, ligeros,
abandonados al venturoso soplo
de la vida consciente.