ardiología.

Desfile de ansiedades, penoso trajinar de resignaciones. Enfermedad, decrepitud y muerte.

Cuanto dolor y tristeza, cuanto temor a la última y definitiva pérdida.

Siento una fuerza compasiva que se abre paso en mi interior, y cómo detrás del dolor, allá en el fondo, mana incesante el elixir gozoso de un amor sin objeto, impersonal, universal y excelso.

Pregunto por JJ. Tras hacerse unas pruebas, ha pedido el alta voluntaria bajo su responsabilidad y se ha ido, Me siento desolada.

Sobre la mesa de mi despacho un electro y una radiografía. ¡Qué alegría! Tal como me dijo, su corazón ha renacido. ¡Oh maestro, cuando volveré a verte!

Café a media mañana, los terrones se disuelven impotentes, tres meses de vanos intentos por saber algo de JJ. Entre tanto, la vida empujando, intensa , llena de cambios. La soledad, ahora sí, plena, la ilusión del trabajo como entrega, una felicidad que se irradia sin reserva.

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