na diminuta lámpara languidece sobre la mesilla y proyecta un haz de luz azulada sobre el rostro de JJ. Está despierto y, gracias a dios, solo. En el aire una tenue fragancia de rosas.

Buenas noches, digo a media voz. Hola Ana, escucho aliviada mientras me aproximo y vislumbro, ahora sí, con total nitidez, el rostro sonriente de JJ. No sabía que fueras aficionada al puenting, dice en tono burlón, como sin venir a cuento. Pero ¿cómo sabes.?.. comienzo a decir y no acabo, repentinamente sobrecogida por una fuerza imponente que me enviste como un mar embravecido de terciopelo. Y aunque lucho y no quiero, me arrastra desnuda y desvalida hasta la orilla de un dolor profundo y primigenio. Por un instante creo morir, y me siento sobre la cama justo antes de perder la conciencia entre los brazos de JJ que me sujeta con firmeza. Ajena a mi misma permanezco hasta que, desde un lugar que no acierto a distinguir, escucho esa voz familiar que pronuncia mi nombre.

Al fin despierto.

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