s tarde. El hospital respira silencioso rumores de sueños sin esperanza. Recorro pasillos solitarios, apenas un buenas noches Ana de un celador cuyo nombre no recuerdo. Luz cabizbaja, letreros de emergencia color verde chillón y algunas fluorescentes temblorosas, anuncios luminosos de un festejo sin nada que celebrar, sin música ni danzas.

Camino a buen ritmo, el fuego que arde en mi pecho no acepta demora.

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