e duelen las piernas. Busco acomodo en el sofá un tanto ajado que hace ya diez largos años compramos en Arnedo.

Ceno mecánicamente, como ausente, con la secreta esperanza de que el automatismo casi animal conjure la angustia.

Me estoy quedando helada. Me cubro con el chal de lana color ocre que Martín me compró en Galicia.

Martín, siempre Martín...

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