SE MOJA EL RELOJ?

                                                                                          
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Érase una vez, un matrimonio sin hijos, él se llamaba Salvador Martinicorena, se sentía orgulloso del sentido de misión que su nombre le profería, así como de su enorme apellido vasco con raíz de aperitivo italiano. Era un exitoso hombre de negocios, con un rasgo que le destacaba de sus iguales, su interés por los desfavorecidos, ocupaba la presidencia en una fundación y donaba significativas aportaciones económicas. Su esposa Puy Inda, era una profesora de literatura en un instituto, compartía con su marido el interés por la causa social, así como las tareas de representación en la fundación.

Salvador era voluminoso como su apellido, principalmente la parte superior, su pecho henchido trasmitía la sensación de quien al respirar solo inspiraba, era una persona racional, que trasmitía seguridad en sí mismo, decidida, con una visión practica de la vida. Mientras que Puy ,careciendo de todo lo anterior, tenía una gran intuición y su gran corazón le dotaba de la posibilidad de situarse en las coordenadas del mundo emotivo de una manera privilegiada. Curiosamente, la debilidad de cada uno era el punto fuerte del otro y de esta manera la pareja se complementaba perfectamente.

Después de 20 años de satisfactoria relación, la vida fluía de manera suave, pero sucedió un hecho que iba a cambiar de una manera radical el destino de sus vidas.

Había una parte de Puy que se sentía no realizada. Era el hecho de que no podía concebir descendencia. Habiendo tenido una infancia difícil, existía dentro de ella la necesidad de nutrir a alguna criatura con ese amor que ella anheló y nunca pudo tener. Como si de esa manera indirecta pudiera resarcir las carencias de su niña interior.

Aunque desde hace algún tiempo Puy había insinuado a Salvador varias veces la posibilidad de adoptar una criatura, éste daba largas al asunto, destacando que la vida que llevaban como novios les permitía vivir con libertad, llegando al final siempre a justificar su posición diciendo que ya tenían muchos hijos en el mundo, los beneficiarios de la fundación en la que ejercían tareas de responsabilidad. Pero esta vez Puy estaba decidida a que ambos tomasen una determinación, ya que a su edad, 40 años, ya no se podía demorar la decisión. Hizo una clara exposición a su marido de la necesidad y deseo de ser madre y cual fue su sorpresa, que Salvador como si de una partida de poker se tratase respondió:
" Porqué no adoptamos tres en vez de uno".

Cuando Puy preguntó a su cónyuge el porqué de su exagerado cambio, pudo constatar una vez mas, como su niño interior competía para no ser menos que otra pareja conocida que acababan de adoptar a tres. Fue fácil para ella convencer a se marido de que un futuro podían adoptar a tres, pero que sería mas conveniente de una manera escalonada, por lo que solicitaron la adopción de una criatura.

Estando a la espera, recibieron la comunicación de que había una niña que acababa de nacer, que había sido abandonada por su madre y a ellos les correspondía por estar los primeros de la lista.

Fueron días de mucho júbilo los que siguieron a la adopción y bautizo de la niña, le pusieron el nombre de Izar (Estrella en Euskera), pues para Puy su pronunciación emanaba una suave y bella sonoridad . Tenía la premonición de que iba a poner luz en sus vidas.

Una vez que la niña empezó a andar, se encontraron con que padecía de un desaforado comportamiento hiperactivo. Y cuando empezó a dominar el lenguaje, destacó por su habilidad para hacer perder los papeles a los adultos en general, con instinto preferente por las importantes amistades de Salvador. Su frase introductoria era :"¿Se moja el reloj?", mientras escrutaba con sus ojos la cara del interrogado, como si de un koan preguntado por un maestro zen se tratase. En otros momentos la niña usaba una jerga desquiciante de palabras sin sentido que unido a la gran agilidad y rapidez de movimientos que gozaba , generaba en un corto lapso de tiempo la expresión no educada del enfado. No sólo el matrimonio tuvo que cargar con las desagradables situaciones que se generaban en presencia de la niña, sino que había algo más que resultaba demoledor, el consiguiente juicio "que mal educada está esta niña".

Empezaron a buscar una solución a los problemas hipercinéticos de su hija, después de asistir a varias consultas de los mejores especialistas en hiperactividad infantil, para Puy quedó claro que la solución a los problemas de su hija no iban a venir de la medicina tradicional y mientras Salvador viajaba por todo el mundo, su esposa empezó un peregrinaje por el mundo alternativo.

Curiosamente sus diferentes estructuras de carácter que durante tantos años de relación habían servido para complementar sus vidas, una vez que las dificultades apretaban, servían para potenciar el desequilibrio y demostrar que la fortaleza de la relación se había basado en aspectos coyunturales externos. La crisis arreciaba, Salvador mostraba su peor cara, la búsqueda de su esposa en ese mundo no oficial le irritaba, manifestándose intolerante. Todo esto hacia que Puy encontrara refugio volcándose en su hija, algo que al niño interior de Salvador, le hacía sentirse mas abandonado.

                                                                                   

Después de un largo e infructuoso peregrinar a través de sanadores, espiritistas, echadores de cartas..., Puy se enteró de la próxima llegada a la ciudad de un chamán de la selva amazónica llamado Rafael. Días mas tarde pudo llevar a Izar a su presencia y después de examinarla dijo:
-El comportamiento desequilibrado de esta niña es debido a que le falta el chakra del corazón. Este está ausente de su cuerpo etérico.
-¿Tiene esto solución? (Preguntó apesadumbrada Puy)
-Conozco una persona que puede ayudar a su hija a reestablecer la armonía en todo su ser, es mi Maestro, el "Hermano Luis", vive en la selva amazónica y nunca ha salido de ella, por lo que será preciso que lleve usted a su hija a su presencia.

Puy recogió todos los datos de cómo se podía acceder al emplazamiento del Maestro chamán y cuando salía de la sesión se acordó que no podía contar para nada con Salvador. Tenía dos amigas a quienes podía pedir ayuda, a quienes propuso si le podían acompañar en este venturoso viaje, recibiendo dos negativas.

Para Puy el mundo no era un espacio donde se sentía segura, el sólo hecho de llevar a su marido al aeropuerto de Biarritz y volver sola, le suponía un gran reto, pues se le despertaban miedos del pasado lejano. Pero el profundo amor por su hija y la esperanza de su curación tenían mas fuerza que los temores de su niña interior, tomando así la determinación de encontrarse con el Maestro chamán.

La siguiente tarea fue cómo concretar un plan, que no despertase sospechas a su marido. Con la excusa de ir a pasar dos semanas al Pirineo, a casa de una nueva amiga, en período estival y mientras Salvador trabajaba, emprenderían el viaje a la Amazonía.

La propuesta fue bien acogida por él que la recibió como una tregua del conflicto que estaba viviendo.

Llegó el día de partida y a pesar de los miedos, había en Puy una fuerza interior que se nutría del instinto maternal que sentía por su hija y del presentimiento, que en un futuro cercano el problema de su hija se iba a resolver.

Fue largo el viaje en avión a Río Janeiro, pero lo fue aún más, el viaje en autobús hasta el último poblado, a partir del cual se tenían que internar a pié a través de la selva, para llegar a la tribu hasta donde el chamán residía. Una vez allí contrataron a una persona que iba a hacer de guía para caminar los 15 kms. que tenían que cubrir de selva. Cuando se encontraban aproximadamente a mitad del camino, empezó un temblor de tierra, típico de aquellos lares.

El guía salió despavorido, diciéndoles que había otra tribu cercana a la cual se dirigían que mataba a toda persona extranjera que se encontrase en la zona, pues le atribuían a su presencia el malestar de los dioses.

Fueron momentos de profundo miedo, totalmente perdidas en la selva, el instinto de supervivencia de Puy tomó consciencia de que no se podía abandonar a él. Después de un buen rato de caminar perdidas en la selva, de pronto se acordó que habían salido temprano y todo el trayecto habían tenido el sol de cara. A veces la espesura de la jungla se aligeraba desde donde se podía ver el sol, que después de pasar el mediodía marcaba claramente su dirección poniente, por lo que a partir de ahora siguieron la ruta del sol tratando de invertir el camino, el sol seguía bajando y se notaba que la luz empezaba a menguar. Puy llevaba a sus espaldas a Izar y aunque se encontraba exhausta se esforzaba por avanzar, pues sabía que sería difícil sobrevivir a toda una noche en aquella espesa selva.

De repente, se oyeron unas voces, fueron instantes de júbilo y pánico entremezclados, Puy se dio cuenta que esas personas eran su última oportunidad de salir con vida y encomendándose al destino decidieron acudir hacia ellas. Resultaron ser un padre que adiestraba a su hijo en el arte de cazar, se quedaron atónitos al verlas, tanto de su estado físico, como de qué podían estar haciendo en aquella jungla a la que no pertenecían y como si de un ángel de la guarda se tratase, las llevaron a su poblado, a su choza, les dieron de comer y les brindaron su mejor cama.

                                                                                 

Al despertar, Puy pudo recordar un sueño muy claro, que parecía revelador, lo había tenido durante la noche. En él, Puy caminaba por la selva con una niña a sus espaldas, pero esta vez se sentía contenta, pues la niña había sanado y por lo tanto era tiempo de volver, pues el objetivo del viaje ya se había cumplido. No sabría explicar porqué, pero aquel sueño tenía el sello de otros anteriores, que confirmaban cambios importantes en su vida, por lo que sintiéndose energetizada decidió volver a casa.

Ya en el largo viaje de vuelta, Puy pudo comprobar por el comportamiento de Izar, que la esperanza de que hubiera sanado no era cierta. A su llegada se encontró con un Salvador distante, a quien le iban mal los negocios y tenía problemas en la Fundación.

Fueron días difíciles para Puy, por un lado su relación con Salvador se encontraba en una profunda crisis y lo peor de todo era que no tenía un interlocutor con quien poder compartir y reflexionar sobre lo que estaban viviendo, pues su esposo no sabía nadar en las aguas de la vulnerabilidad y todos los problemas los achacaba a la situación externa que estaba viviendo. Por otro lado su preocupación por la no mejoría de Izar no le dejaba ver la transformación que se estaba dando en su interior. Fueron días tristes en los que Puy recurrió a un recurso que le ayudó a sobrevivir durante su difícil niñez, la poesía. Prueba de ello fue este bello poema dedicado a su hija, que traslucía su cambio interior, a pesar de la confusión en la que ella creía encontrarse.

PARA IZAR
A ti mi pequeña estrella
dolor punzante de tus filos,
brillo luminoso de esa
recóndita zona de la que procedes;
infancia, candor, inocencia.
A ti camino, cruz y regalo.
por esa ala de ángel que
a veces asoma entre las sombras,
por ese desgarro de la caricia
que golpea y pule,
cincel implacable del ojo
de Dios.
A ti mi pequeña estrella,
manita suave que guío y
me guía, desde mi olvido
a alguna parte que
vislumbro en la luz.
 
Días mas tarde, durante uno de esos difíciles días con Izar, encontrándose los dos en la calle, la pequeña salió corriendo y cruzó la calle sin mirar, siendo casi atropellada por un coche. Puy cruzó la calle fuera de sí, para toparse con Izar que se encontraba hablando con un monje budista.
-¿Es usted la madre de la niña? (Inquirió el monje)

Después de percibir como inapropiada la sonrisa del lama, Puy contestó con un seco-Sí
-Esta niña es un ser muy especial, es un ser de luz.(dijo el lama)

Fue lo último que podía Puy esperar escuchar y mostrando su irritación al monje, le preguntó:
¿Me está usted tomando el pelo?

El monje que aunque hablaba bastante bien el castellano no entendió el modismo
-Mire señora, aunque yo no tenga pelo, le aseguro que no tengo ningún interés por el suyo.

La confusión que prosiguió a esta interacción, permitió que el monje y la niña retomaran el diálogo, cual fue la sorpresa de Puy, de que aquellas palabras sin sentido que pronunciaba su hija desde muy pequeña, tenían un sentido para el monje. Puy permanecía absorta mientras la conversación proseguía, hasta que el monje se dirigió a ella.

-Mire señora tengo prisa y no puedo estar mas con Ustedes. Me gustaría volver a verlas. Por si tiene dudas acerca de lo que ha pasado, su hija habla un correcto tibetano y creo que un encuentro conmigo le podrá aclarar importantes aspectos acerca de su ella.
Horas más tarde Puy fue fiel a la cita presentándose con Izar ante el lama. Esta vez se encontraba tranquila y muy receptiva, percibiendo como la niña ,de nuevo se transformaba en presencia del monje, como todo su ser rezumaba amor mientras se expresaba en tibetano. Poco después el lama se dirigió a Puy y le trasmitió que su hija era como un espejo que tenía la facultad de reflejar el fondo de la persona que interactuaba con ella.

-"No culpe a su hija de esas emociones negativas, hágase responsable de ellas y aprenda a no reaccionar, desarrolle la ecuanimidad y así empezará a estar en paz con ella, entonces podrá comprobar como su hija reflejará paz, abra su corazón a como su hija es y no lo condicione a como quiere que sea y podrá disfrutar del corazón abierto de su hija, de su amor, como yo estoy disfrutando en este momento. Su hija es la reencarnación de un ser con un alto grado de realización y está destinada a ser una gran maestra que va a ayudar a disminuir de una manera considerable el sufrimiento del planeta".

                                                                              

Era difícil para Puy creer lo que trasmitía el lama, pero en su interior se estaba dando una comprensión profunda, resultante del sintonizar con la cálida vibración que ambas emanaban. A partir de este momento, se sintió renacer y este despertar gradual le hizo sentirse por primera vez en su vida dueña de su destino. Recordó cómo se enamoró de Salvador, de aquel estudiante que en la universidad arengaba a los demás estudiantes a luchar contra el fascismo. Como en su elección buscó la protección de aquel hombre valiente y justo. Pudo darse cuenta que su ida a la selva amazónica había sido como un viaje iniciático que le había liberado de los miedos del pasado y le había posibilitado encontrar su propia seguridad y fuerza interior. En su vida cotidiana tuvo la dicha de contar con Izar, quien en todo momento le reflejaba cual era la situación de su corazón, lo cual le supuso una clara referencia para una permanente transformación.

Fue difícil para Salvador poder comprender el cambio que se estaba dando en su hogar, muchas veces tuvo Puy que recordarle pues no lo iba a entender con la cabeza, que lo que tenía que hacer era abrir su corazón. Pero ante la evidencia de la nueva relación entre Izar y Puy. Salvador empezó a abandonarse al mundo de los sentimientos, a sentir una inmensa tristeza que duró muchos días.

Mientras sus lágrimas ablandaban su corazón, se permitió vivir al niño asustado que había decidido protegerse hinchando su pecho. Se dio cuenta también de su obsesión por su autoimagen y a pesar de su aparente altruismo, ésta era el principal usuario de la fundación de la que era presidente.

Salvador también llegó a encontrar su fuerza interior pero esta vez no a través de su pecho henchido, sino que por medio de permitirse vivir su vulnerabilidad. Una vez que pudo ser él mismo, se liberó de la esclavitud de tener que ser alguien importante, su forma de relacionarse con el mundo mejoró cualitativamente, lo que redundó de manera positiva en la Fundación y en sus relaciones laborales. Obviamente la relación con Puy ganó en profundidad, por un lado, está ya no se relacionaba desde sus carencias y la apertura de corazón de Salvador, le proporcionó una mayor capacidad de comunicar y entregarse.

Izar demostró tener unas aptitudes excepcionales para el estudio y llegó a ser una gran maestra, como predijo el lama. Su formación espiritual no se forjó en los libros, sino que a través de la experiencia con Maestros de alta realización de las tradiciones milenarias. Buscó la confluencia de la espiritualidad con el mundo de la ciencia, encontrándola en la Física Cuántica, en conceptos como interdependencia e impermanencia, mostró un especial cariño por la teoría del Kaos, dando un mensaje esperanzador a personas con mucho sufrimiento en sus vidas. "A pesar de lo caótica que pueda ser la existencia de un individuo, su proyección será siempre un bello fractal, fruto de su auténtica naturaleza". También se sirvió de la psicología para reducir la desdicha humana, especializándose en Psicología Transpersonal y Neurobiofeedback. Fue una maestra del siglo XXI, viajó por todo el planeta y sus enseñanzas fueron conocidas como "IZARWAY", hizo del mundo un lugar mas respirable.
 

Firmado: Asdrúbal Gizaheme