HACIA ARRIBA SUBIENDO LA MONTAÑA

                                                                                          
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"BREVES RETAZOS DEL CAMINO"

Poema narrativo del único y gran viaje del alma humana.

Hacia arriba subiendo la montaña
sendas, piedras, seda verde,
En la espalda, restos de antiguos naufragios:
materiales extraños, deformes, oscuros.
Hacia adentro, por las infinitas cuevas,
por las galerías misteriosas de la noche.

Dime, Juan, ¿dónde mana el secreto venero
donde se refleja el rostro del amado?
¿En qué alborada noche viste
amado en la amada transformado?

El camino se extiende así, hacia arriba
o quizá hacía adentro, adentro ...
El viajero busca entre abismos
de maleza escarpada o
llanuras abrasadas por el sol
del estío, días lentos
de silencio y de sed.

Al fondo del paisaje, Milarepa
construye su casa. En los cimientos,
sudor, rabia, anhelo de otras casas iguales.
Guía en la noche oscura un tesoro
de luz que las lágrimas
forjaron con su transparencia amarga.

Hacia arriba, aves misteriosas,
hacia adentro sombras informes,
como bocas hambrientas, ojos
insomnes reclaman extraños alimentos:
Substancias antiguas que la oscuridad
forjó y ha portado el viajero.
Ahora, se desvanecen para siempre.



Por delante, el camino largo y solitario,
la luz brillando en el pecho
Ante sí; sedimentos extraños, resbaladizos,
pantanos de desaliento
remansos de sombra
recodos de paz y belleza.

Cerca, su mano en tu mano,
su voz de campana que suena
estremeciendo el aire tibio de la primavera.
Ligereza del amor:
cascabel de risas y besos.

Cerca, la gran madre, regazo abierto.
con su voz ligera y fresca,
como un juguete
sostiene el mundo en su mano
que gira lleno de gracia
entre laberintos de oscuridad.
Las puertas abiertas
a todos los misterios del mundo.

Nutridos del mismo aliento
con otros compartes
complicidades y silencios.

Misteriosa y sagrada cae la tarde,
lejos, el basto silencio
de la música extremada,
el vacío dulcísimo del todo,
la bastedad de la luz
y la transparencia brillando
en su existencia lejana,
como un paraíso, al que
algún día, hacia arriba o
hacia adentro, llegará el viajero
para morar en él siempre,
siempre, siempre, siempre...

 

Firmado: Valentina Van Ghoch