EL EXTRAÑO


 
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Ésta es la historia de un extraño, un ser sin identidad, una persona en búsqueda constante de "algo" que reconocer frente a un espejo.
Intentaba lo imposible por amarrarse a sí mismo, por distinguirse ante los demás con la esperanza de encontrarse en lo opuesto...

Pero todo era en vano. No podía tocar ni tocarse; tampoco era capaz de sentir y mucho menos de sentirse; y los escasos intentos de interacción eran torpes y terminaban habitualmente de manera tragicómica.

A lo largo de los años había emborronado el cristal que le separaba de la vida con pinturas unas veces robadas, otras veces elaboradas con detalle después de muchas deliberaciones, incluso había permitido una zona de libre acceso en el lado exterior donde cualquier mengano iba y pintaba lo que ese extraño le sugería; al final todos los dibujos se mezclaban y ni siquiera era capaz de diferenciar sus creaciones de las de los demás.

De éste modo consiguió una ostentosa colección que el desgraciado a veces pavoneaba, por cierto de manera muy desangelada y nada convincente, hasta que aparecía una fina y aparentemente inofensiva lluvia que lo borraba todo por completo...

Y vuelta a empezar...

A ver si cambiando de estilo o de colores la historia resultaba más consistente...

Se vistió de omnipotente, de servil, de incomprendido, de Che Guevara, de profesional, de audaz, de incompetente, de especial o de vulgar, también probó con Teresa de Calcuta; en realidad le daba igual el motivo, la cosa era pintarse.

Pero un día tuvo que enfrentarse con lo inevitable: de repente se acabó la pintura y de un bofetón se dio cuenta de que el paso del tiempo sólo le ofrecía decrepitud y resentimiento. ¿Qué era de la sabiduría?.

Ya no había posibilidad de crear nuevas máscaras y, desesperado en su desesperación, vacío en su desnudez, autodesconocido, se preguntaba el sentido de todo ese sufrimiento abstracto.

Gritó una y otra vez. Lloró y volvió a llorar y, cuando todavía se revolvía en su dolor, una música "diferente" le envolvió por completo presionándole delicadamente pero con enorme firmeza hasta que milagrosamente el cristal se resquebrajó, y a través de una hendidura una mujer le tendió la mano. Sin entender nada, totalmente aturdido, se dejó llevar incomprensiblemente por aquella señora que le infundía seguridad y miedo a la vez, mientras miraba resignado al cristal que todavía llevaba pegado y que cada vez le hacía sentirse más asfixiado.

La señora le invitó a una fiesta en donde estarían, además de ella, el anfitrión y un escritor. Escucharían algunos discos -él podría llevar los que tuviera por casa- charlarían y pasarían un buen rato.

No se creía lo que le estaba pasando.¡ Nada en el mundo le haría desperdiciar aquella ocasión!.

Por fin llegó el día; parecían gente agradable y pronto se sintió en casa. Estaba excitado y a la vez sorprendido por la tremenda confianza que aquellas personas le transmitían; era algo a lo que no estaba acostumbrado.

Alguien sugirió la idea de poner algún disco cuando ¡¡Sorpresa!! En los primeros compases reconoció inmediatamente "aquella música".

De repente, sin saber qué pasaba, sintió cómo la melodía le transportaba...y, tras unos instantes de cierta angustia que fue calmada por una voz que provenía de aquella mujer, escuchó las palabras OM AH HUNG BENZA GURU PEMA SIDDI HUNG que le adentraron en un espacio único, de paz absoluta; su cuerpo se desintegró, su cuerpo era música; no había límites; todo era uno; todo era armónico; el sonido tenía matices que jamás había percibido en ninguna otra composición; era capaz de entender el sonido; todo vibraba y ondulaba y él formaba parte de aquello. La imagen amable de la señora se descomponía también en ondas y, por un momento, fueron un solo ser. No había miedo, ni siquiera podía concebirlo. Escuchó la voz del anfitrión que le preguntaba qué estaba pasando y la suya respondiendo que estaba VIVIENDO.

Vivió la libertad y no necesitó escribir esta palabra con mayúsculas para poder sentirla, ni tuvo que bailar danzas exóticas, ni hacer nada extravagante. Simplemente "era"...

En aquel momento se dio cuenta de que todo lo que llevaba encima no tenía que ver nada con él: los discos que había traído le parecían extraños y no podía entender cómo había perdido tanto tiempo escuchándolos, las cosas que comía y bebía le sabían diferente, ¿quiénes eran sus verdaderos compañeros?.

¿A dónde había ido? Desde luego a otro sitio. La señora le ayudó a reconocer que éste viaje había sido hacia su interior y que le había mostrado todo lo que sería capaz de vivir cuando terminara de quitarse los cristales ahora rotos. Con una lucidez desconocida en él, y con la ayuda de las otras tres personas, la inconsciente transparencia del cristal se transformó en un material consciente, opaco, palpable y reconocible y, por tanto, mucho más fácil de despegar. Incluso pudo quitar los trocitos que más le estaban apretando y, después, respirar.

Por fin pudo conocer su verdadera identidad, su realidad interior; se vio como un foco de energía, de inteligencia y de amor; palabras que hasta entonces sólo había nombrado, que había sido incapaz de vivir. También pudo percibir su realidad exterior gracias al anfitrión que, siempre atento y amoroso, hizo sonar otro disco en el que el extraño se reconoció como "sólo una mujer" que, con la ayuda de la mano firme del escritor, comprendió que lo único que necesitaba del hombre era eso, la mano de un compañero de viaje.

Así el extraño pudo vivirse plenamente, como mujer, y en paz.


Firmado: una amiga