UNA HISTORIA DE VELAS
                                                                                               

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No hace muchos años, en una cueva grande y profunda situada en las faldas de las altas y nevadas montañas del oeste, vivía un incontable número de velas de todas las clases.


De todas las velas que vivían en la cueva, de una de ellas emanaba una hermosa y brillante llama de color rojo-amarillento, que iluminaba el interior de la caverna. Todas las velas sentían un profundo respeto y admiración por esta Vela Iluminada, acercándose a ella continuamente en busca de un poco de luz que les ayudase con los problemas cotidianos.


La Vela Iluminada, había sido vela normal como el resto de la velas, que siempre se había destacado por su gran compasión y predisposición a ayudar a las demás. Un día, que estaba preocupada pensando en que tenia que haber alguna forma de vivir más sencilla, con menos problemas, se manifestó su condición de gran Bodhisattava y su llama se encendió espontáneamente.
Desde ese día no dejo ni un solo momento de ayudar a las otras velas (como lo había estado haciendo hasta entonces), y al mismo tiempo trataba de transmitirles una y otra vez la verdadera naturaleza de las cosas, poniendo especial empeño en explicarles cómo podían lograr que su propia llama se encendiese.

Por lo general, las velas procuraban estar todo el rato cerca de la Vela Iluminada, aprovechando su luz, escuchando sus enseñanzas y pidiéndole consejo una y otra vez sobre cualquier problema. La Más Deslumbrante no dejaba ni un momento de atender a las otras velas, eso sí, poniendo un exquisito cuidado en no quemarles con su llama encendida.
Una vieja vela, en vez de estar todo el rato cerca de la Vela Iluminada, se acercaba a escuchar atentamente las enseñanzas y a continuación seguía con sus quehaceres cotidianos.


Un atardecer, la Vela Iluminada, interrumpiendo una de sus enseñanzas, se acerco a la Vieja Vela y le susurró algo al oído. Al finalizar la enseñanza, La Más Deslumbrante manifestó su desánimo ya que a pesar de que se veía rodeado de discípulos y seguidores, era consciente de que sus enseñanzas caían en saco roto. Las velas, que se habían acomodado a la luz de la Vela Iluminada y a lo sencillo que les resultaba acudir ella en busca de la solución a sus problemas, no entendían lo que la Vela Iluminada les estaba transmitiendo.


La Vieja Vela, que tras el susurro de La Más Deslumbrante continuo escuchando las enseñanzas, asintiendo continuamente con la cabeza, sintió como un intenso calor brotaba de su interior, pero fiel a las enseñanzas de la Vela Iluminada no se dejo gobernar por las emociones y continuo con sus tareas, observando atentamente lo que ocurría en su interior.


La mañana siguiente, el corazón de la Vela Iluminada dejó de latir, mientras ésta se encontraba hablando, exhaló por última vez y su llama dejó de iluminar. Las velas que se encontraban hablando con ella, empezaron a llorar al darse cuenta de que la Vela Iluminada había dejado el cuerpo. Rápidamente y al escuchar los llantos, todas las velas de la cueva estaban llorando a lagrima viva, lamentándose de lo ocurrido. ¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Qué va a ser de nosotras? ... exclamaban una y otras vez entre sollozos.


Era tal la desesperación que había, y como todas las velas tenían los ojos enrojecidos de tanto llorar, que nadie se había dado cuenta de que la oscuridad todavía no se había adueñado de la cueva.


En cambio, la Vieja Vela, continuaba haciendo sus tareas cotidianas, sintiendo como seguía aumentando el calor de su interior, y como al mismo tiempo aumentaba la claridad por las zonas de la cueva a donde ella iba. Al darse cuenta de que su llama estaba encendida, terminó sus tareas y busco un saliente en lo alto de la pared de la cueva.


Cuando terminaron de brotar todas las lágrimas de las velas y sus ojos recuperaron la normalidad, una vez finalizadas las ceremonias para despedir con todos los honores el cuerpo inerte de la Vela Iluminada, y según pasaban los días, se fueron dando cuenta que la vida continuaba y que la oscuridad que reinaba en la cueva no era tan grande como se temían en un primer momento, con lo que todo se fue normalizando. Construyeron un hermoso altar donde dibujaron la llama de la Vela Iluminada y continuamente ofrecían ofrendas en su honor.


Un puñado velas jóvenes, que mantenían en su recuerdo lo ocurrido en la última enseñanza de la Vela Iluminada, y preguntándose que la claridad de había en la cueva tenía que surgir de algún lado, fueron en busca de la Vieja Vela para ver si ella poseía alguna respuesta.
Al no encontrarla por ningún lado dejaron de buscarla, y se fueron guiando por la claridad que había. Finalmente identificaron un saliente de la pared desde donde parecía que emanaba la luz.


Tras alcanzar el saliente, se quedaron sorprendidos al encontrase a la Vieja Vela sonriente, con la cara radiante y más juvenil que nunca y lo más extraordinario de todo, tenía su llama encendida y estaba iluminando a toda la cueva.


Una vez superado el asombro inicial, una de ellas le pregunto tímidamente: ¿Cómo así que estás aquí arriba, sola, retirada, en vez de estar junto a las demás? ¿No quieres iluminar y ayudar al resto?


La Vieja Vela les miró y sin dejar de sonreír en ningún momento les respondió:

"Yo sólo soy una vela anciana que ha seguido al pie de la letra todas y cada una de las enseñanzas de la Vela Iluminada. Allí abajo, todavía veneran a la Vela Iluminada, y muchos de sus discípulos más cercanos continúan recitando sus enseñanzas.

¿Cómo creéis que reaccionarían al darse cuenta de que una vieja vela como yo haya logrado que su llama se encendiese?

¿Cómo les sentaría el darse cuenta de qué hasta el momento y a pesar de estar todo el día junto a La Más Deslumbrante han estado perdiendo el tiempo?

¿Estarían en condiciones de reconocer, las fieles guardianas de las enseñanzas de la Vela Iluminada, que la esencia de la Vela Iluminada continua?(...)"


Las jóvenes velas se quedaron un buen rato en silencio, meditando sobre las sabias palabras de la Vieja Vela. Y Tras un largo y profundo silencio le preguntaron:

-Vieja Vela, ¿tendrías inconveniente en aceptarnos como discípulos y guiarnos en ese camino que tan satisfactoriamente has recorrido?


Surgió un nuevo silencio, aún más largo y profundo que el anterior.

Las jóvenes velas, deseosas de escuchar la respuesta de la Vieja Vela, hicieron un tremendo esfuerzo por contener su nerviosismo y la Vieja Vela, valorando la motivación de sus jóvenes discípulos prolongó aún más su respuesta.

Firmado: Karma Kundup Lundup