Reconocimiento
de la naturaleza esencial de la mente
Tercera Parte
Lhaktong-Visión
profunda
Instrucciones de
reconocimiento de la mente, a través de la manifestación.
Reconocimiento de que la manifestación es la mente.
Una vez llevadas a cabo las Prácticas
Preliminares, para que , igual que antes, no se olviden,
dirige tus ojos y tu mente hacia una forma en frente tuya
que esté clara y fija al mismo tiempo el ojo y la mente
sobre ella, sin distracción.
Al comienzo, los detalles del objeto se
volverán claros, luego ya no querrás mirarlo, tus ojos se
cansarán y empezarán a llorar.
Durante ésta primera fase, examina, a fin de ver que
la forma que aparece en tu campo visual está ahí en relación
a tu mente. Si después de éste examen, declaras que éste
objeto percibido no existe más que en tanto que objeto,
mientras que la mente que mira el objeto es interior, trata
de descubrir dónde se encuentra la mente: en el exterior, en
el interior o entre los dos; ¿dónde acaba la forma y dónde
comienza la mente? Luego, puesto que la mente no está
situada en una creación mental puramente imaginaria, ¿ cuál
es el modo de manifestación, el color y la configuración de
ésta forma que aparece en la mente? Si afirmas que la
apariencia de éste objeto se sitúa en la mente, continúa
preguntándote para determinar si estás totalmente convencido
o no: trata de descubrir si es la forma la que viene a la
mente o si es la mente la que va a la forma.
Hay
que mirar atentamente por ejemplo, la mente que considera
los cuatro elementos; uno se percata entonces de que es ésta
mente quien “es” los cuatro elementos.
Dedícate
a una investigación en profundidad sobre soportes
similares, dirigiendo la mente sucesivamente a los sonidos,
los gustos, los olores y las sensaciones táctiles.
Si
sostienes que, por el examen, has descubierto que la mente
que efectúa la observación no tiene ninguna característica
tal como el color, forma, etc..., que ésta no es más que
el soporte mental, entonces es señal de la no dualidad de
la manifestación y de la mente; has llegado a integrar una
experiencia decisiva, gracias a tu concentración, estando
tu mente unificada en la imagen del objeto, deberías tomar
consciencia de tu buena fortuna, puesto que es siguiendo las
instrucciones esenciales y recibiendo la gracia de Lamas
puros como has obtenido ésta realización. No hay nada más
fuera de ésta mente, y no hay la menor existencia en la
manifestación confusa y errónea, ya sean los soportes
imaginarios de los sentidos, etc...
En
el Sutra Lankar Shakpa:
“La
mente agitada por las tendencias habituales es empujada a
proyectarse a sí misma como objetos exteriores, pero no
existen objetos; la mente se engaña a sí misma viendo
objetos en el exterior de sí.”
Pelpoche:
“¡Oh!
Hijo de los Vencedores, ¡las tres esferas no son más que
la mente!”
Birwapa:
“Los
fenómenos son la misma mente, porque la manifestación no
es más que un reflejo.”
Bothisattvacaryavatara:
“¿Quién
creó la tierra de metal en fusión de dónde surgen las
llamas de los infiernos?
Todos los fenómenos no son más que la
falible mente.
Así lo dijo el Muni.”
Practica
de acuerdo con las palabras de todas éstas enseñanzas
innumerables.
En
lo que concierne a ésta mente envuelta en el cuerpo, pregúntate
si el cuerpo y la mente son una sola y la misma cosa o dos
cosas separadas. Si piensas que éstos están separados, ¿son
cuerpo y mente como una casa albergando a alguien o como un
cuerpo cubierto por ropas? Si ello es así, ¿cuál de las
dos aserciones es verdadera?
Por
ejemplo, si te pinchas con una espina, busca de la cabeza a
los pies para saber si ésta sensación es una sensación física
o mental. Si fuese una sensación física, se seguiría que
un cadáver podría sufrir ésta clase de sensación; el análisis
muestra que ello no es así. Si fuese una sensación mental,
el cuerpo y la mente, al ser diferentes, y siendo que el
dolor sufrido por el cuerpo es sentido por la mente, eso
querría decir que la mente sería igualmente herida. No sólo
eso, sino también has afirmado que la manifestación es la
mente. Además, si la manifestación, que todavía es más
exterior que el cuerpo, es la mente, ¿cómo es posible que
el cuerpo, que está más cerca, no sea la mente? Si el
cuerpo y la manifestación, son los dos la mente, serán
experimentados siéndolo realmente; sino serán
experimentados no siéndolo. Por eso hay que decirle al discípulo
que vuelva a observar y buscar cuidadosamente.
El
discípulo puede decirse: “Si el cuerpo y la mente son
uno, en el momento en que el cuerpo nace y muere, la mente
debería también participar de ésta creación y de ésta
reabsorción. Cuando el cuerpo cambia, la mente también
debería cambiar. Si el cuerpo es quemado por un fuego, la
mente también debería quemarse, y así todo. Estos hechos,
¿no contradicen la teoría precedente?”
En
ese caso, pídele que redoble los esfuerzos y medite. Después
de una investigación en profundidad, todas sus dudas deberían
ser disipadas por la experiencia interior, que no es
solamente una comprensión intelectual. Es en ese momento
cuando tiene que volver.
De
nuevo preguntado, puede responder: “la sensación de
pinchazo producida por una espina clavada en el cuerpo, o la
manifestación del cuerpo como algo que nace y muere, y
otros ejemplos parecidos, aparecen como tales a causa de la
ausencia de realización de la indisociabilidad de la
manifestación y la mente, y también al hecho de no haber
desecho el nudo del aferramiento de un sujeto y de un
objeto. En realidad todo eso no es más que la manifestación
de nuestra propia mente. No hay la menor existencia
verdadera en nuestra mente fuera de la apariencia. Incluso
un cadáver, en el momento de la muerte, no es más que la
manifestación de la mente de los que lo ven, y no existe
nada más.”
Una
declaración así indica un reconocimiento; el discípulo
está ahora cierto de que todo aferramiento de un sujeto y
un objeto es su propia mente, y ha reconocido como confusos
todos los conceptos tales como virtud, falta de virtud y
acción neutra. Así debe establecerse en ésta ausencia de
base.
Gracias
a éste tipo de meditación se obtiene ésta realización
auténtica: más allá del dominio intelectual, con sus
conceptos de identidad y diferencia, los objetos, el cuerpo
y la mente surgen simplemente en tanto que manifestación de
la mente única, inexpresable e indecible, libre de todas
las concepciones elaboradas y de todas las fabricaciones
mentales. Cuando todos éstos apelativos de meditación y de
meditador se liberan por sí mismos, de manera natural, esto
se conoce como la vista directa del propio rostro como la
esencia de la mente, el Dharmakaya, o como la realización
de la Budeidad. Por más que se le puedan aplicar todos los
adjetivos –idéntico y diferentes, existente y no
existente, sustancial e insustancial, mente y materia, es
y no es, vacío y no vacío, objeto y conocimiento del
objeto, permanente e impermanente, perceptor y percibido,
nacimiento y muerte, producción y cese, etc...en realidad,
todo eso no es más que la manifestación de nuestra propia
mente y nada puede establecerse de otra forma más que
siendo mente a su vez: si uno lo aferra como existente, uno
se extravía de la realidad del modo de ser.
Si
uno establece las dos nociones “idéntico y diferente”,
puesto que uno no puede establecer “diferente”, tampoco
puede postular “idéntico”. Dicho esto, no hay
contradicción en hablar de identidad, mientras se tenga la
convicción de que manifestación, despertar y vacuidad son
los tres indisociables y de un solo sabor, al igual que el
fuego y el calor son inseparables o de la misma manera que
el reflejo de la luna en el agua no puede distinguirse del
agua.
Por
consiguiente, si uno dirige a alguien, principiante o
ignorante, hay que plantear preguntas sobre lo uno y lo múltiple,
etc..., a fin de verificar si ha llegado por el análisis y
la reflexión a la certeza de que la manifestación es la
mente.
Sin
embargo, cuando se está en el estadio en que se trata de
consolidar la práctica, no hay que meterse en éste tipo de
análisis, sino de establecerse en cada manifestación que
surge en una distensión natural, sin cosificación, sin
imaginar, hasta realizar que la apariencia es la mente, para
que surjan experiencias y realizaciones. Este tipo de
meditación no sería apropiado entonces, y podría llevar
incluso al error de perderse en una vacuidad intelectual, de
hacer de la naturaleza de vacuidad un concepto. Así, no
produzcas ninguna meditación creada artificialmente,
permanece distendido en el estado libre de apego y de
rechazo, de esperanza y de temor, sin asir lo que aparece y
preserva éste estado no cosificado.
Para
ilustrar éste propósito, el Siddha Orgyenpa dijo:
“Hay la misma relación entre la
mente y la manifestación que entre el fuego y el calor.”
Y: “Toda
la manifestación es de hecho la irradiación de la mente,
su luz.”
Dhagpo
Rinponché:
“Manifestación
y mente son una sola y la misma cosa. A parte de la mente,
no hay manifestación. Puesto que toda manifestación es la
luz de la mente o Dharmata, en el momento en que se libera
la mente, las ataduras de la realidad se deshacen por sí
mismas. La esencia de la realidad y la esencia de los fenómenos
son idénticas. Puesto que la luz de la mente es la esencia
de los fenómenos, mediante el reconocimiento de la realidad
de la mente se desanudan las ataduras que mantienen la
realidad.
Por
ejemplo, desde que el sol desaparece, es imposible que
permanezca su luz; si el sol se desvaneciese, la luz se
desvanecería con el. Esto es una certeza. De la misma
manera, con sólo la realización de la esencia de la mente,
viene la realización de la esencia de los fenómenos. Con
una mente pura, la manifestación, automáticamente aparece
pura. Por éste hecho, si uno deja en su estado natural la
manifestación y la mente, entonces la manifestación sobre
la esencia de la mente es suficiente. Durante la meditación,
hay que dejar de lado los pensamientos sobre el tema de los
fenómenos y de su realidad, y meditar con agudeza en la
esencia de la mente, como si el dedo de una vieja mujer la
mostrase claramente. Uno llega a la conclusión de que toda
cosa, sea exterior o interior, el receptáculo y su
contenido (el universo y los seres), todo es la mente en sí
misma. Luego, hay que integrar muy claramente éste soporte
de la propia meditación. Hay que practicar de la misma
manera éstos dos enfoques, pero si uno medita sobre la
realidad fundamental sin encontrar su esencia, no alcanzará
la Budeidad, cualquiera que sea nuestra meditación.
Aliento
y mente son uno. El movimiento del aliento hace surgir en la
mente múltiples conceptualizaciones. Eso es la realidad tal
cual es, y ésta realidad no se puede expresar de otro modo.
Cuando
uno realiza la mente, se vuelve puro por sí; es la
consciencia innata, no dual y vacía.”
Dice
también:
“La esencia de la mente, el
Dharmakaya, y la manifestación, que es la irradiación del
Dharmakaya, son indisociables, como el sándalo y su
perfume.”
Dragón
Shan:
“El
hecho de decir que tal manifestación no está en otra parte
que en la mente, quiere decir que toda manifestación no es
más que una simple convención destinada a designar a la
mente.
La
mente se manifiesta y aparece de diversas maneras, blanca,
roja, etc..., según las condiciones, de la misma manera que
burbujas que surgen del agua. La manifestación no tiene más
que una apariencia condicionada. Todos los pensamientos y
los recuerdos están sin raíces, porque son sin origen,
permanencia o cese, semejantes a nubes en el cielo. Todos
los sentimientos de dicha, sufrimiento o indiferencia no
tienen ninguna existencia fundamentada, semejantes a los
mismos sentimientos experimentados en los sueños.
Todos los fenómenos de la existencia cíclica
(samsara) y del más allá del sufrimiento (nirvana) son
como ríos tales como el Ganges o el Pakshu, etc.., todos
confunden sus aguas en el océano; samsara y nirvana, siendo
indisociables, tienen un solo sabor”
Y aún más:
“Porque
ningún pensamiento puede ser establecido como realmente
existente, estando todos desprovistos de color, de forma,
etc..., su manifestación espontánea, en tanto que realidad
es y ha sido siempre totalmente pura, libre de todas las
afirmaciones contradictorias de “lo uno” y “lo múltiple”.
Por consiguiente, ¡no cultives la esperanza de ningún
resultado!”
El
Señor Gotsampa:
“Toda ésta experiencia es nuestra
propia mente. Por más que manifiesta, está desprovista de
esencia propia, semejante a un reflejo en un espejo, o a la
luna en el agua. Así, permanece concentrado sobre ella, sin
asirla. No hay ninguna necesidad de suprimir la manifestación;
cuando uno permanece en el estado de desasimiento, ahí está
el Mahamudra.
Preserva
éste estado sin dejarte distraer, ¡es todo lo que hay que
hacer!”
Y: “La
apariencia que surge de manera múltiple es nuestra propia
mente. Puesto que apariencia y vacuidad permanecen sin
dualidad, y que ello es así desde el amanecer de los
tiempos, no hay ninguna necesidad de sostener la conciencia
como algo interior. Si una forma aparece en tanto que objeto
para el ojo, en sí misma la apariencia de la forma es
nuestra propia mente. La forma es la no dualidad de la
manifestación y de la vacuidad.
Cuando
uno permanece sin asimiento de la forma, la fijación
dualista se libera por sí misma.
Por lo mismo, cualquiera que sean los
movimientos de la mente: sonidos, olores, sabores,
sensaciones táctiles o imágenes mentales, si uno permanece
establecido sobre ellos, se liberan por sí mismos. Así,
meditando en los objetos correspondientes a los seis
sentidos, sin aferrar, sin meditar, los seis dominios
sensoriales surgirán ahora como meditación y servirán
para hacerla avanzar.
No
te fijes en el hecho de que en retiro, incluso aunque uno no
mire al exterior, ¡uno podría ser visto!
Debemos
servirnos de todo lo que pueda nutrir nuestras facultades de
discernimiento: si uno está enfermo, hay que meditar sobre
la enfermedad, si se tiene hambre, meditar sobre el hambre,
si se tiene frío, meditar sobre el frío, si uno es
infeliz, hay que dejar que eso sea nuestro objeto de
meditación. Resultará de ello, que todas las
circunstancias, sean las que fueren, llegarán a ser parte
integrante de nuestra meditación.
¿Por
qué? Porque las circunstancias que se manifiestan son
nuestra propia mente, porque no existe Dharmakaya fuera de
la mente. Si meditas así, tu meditación no puede más que
ser fructuosa. Puesto que la esencia de la mente está vacía,
no hay materia en que meditar con el fin de probar la
vacuidad, así pues, hay que permanecer en la no meditación:”
El
Siddha Orgyenpa:
“Si uno medita sobre la manifestación y la consciencia, lo
que se llama manifestación es indecible y está más allá
del intelecto; se dice que surge de los cinco sentidos que
surgen a su vez de Alaya (la consciencia base de todo).
Todas las sensaciones: formas, sonidos, etc..., existen
simplemente en tanto que soporte, en sí mismo neutro y no
conceptual. Es lo mental, quien seleccionándolas, crea una
variedad inconcebible de apariencias a las que nosotros
denominamos “manifestación”. Nuestra insistencia en
aferrar eso, es la causa de nuestro errar en la existencia cíclica.
El origen de éste asimiento es el poder incidente de las
tendencias de lo mental perturbado, que nosotros hemos
formado desde tiempos sin principio; eso es la causa de la
variedad de apariencias de la manifestación. Sin embargo, a
pesar de que éstas se manifiestan, no tienen la menor
existencia real. Por ejemplo, soñando pueden manifestarse
diversas apariencias, felices o infelices, que son la
manifestación de nuestras tendencias habituales, pero no
tienen la menor sustancialidad; es al despertar cuando se
comprende su irrealidad.
Tomemos
ahora el ejemplo de la ilusión producida por los trucos de
un mago. Los caballos, los elefantes innumerables creados
por la magia se manifiestan, pero no tienen existencia real.
Igualmente, las apariencias producidas por las tendencias
confusas de lo mental perturbado, se nos aparecen como
verdaderas y permanentes, pero de hecho, a parte de nuestra
propia mente que produce la manifestación ilusoria, no hay
ahí nada que sea real. Lo que llamamos “consciencia” no
existe un solo instante fuera de la manifestación; la
apariencia es la consciencia y la consciencia es la
apariencia. Se dice en los Sutras: “la forma es el vacío y
el vacío es la forma, no hay vacío fuera de la forma, no hay
forma fuera del vacío”.
También
afirma:
“Permaneciendo
distendido, en la no meditación y la no cosificación,
simplemente, sin la menor distracción, en la apariencia tal
como ésta surge, será realizada la co-emergencia de la
mente y las apariencias y eso producirá el estado de gozo.
Ahí, no hay ninguna necesidad de parar la manifestación,
ninguna necesidad de producir la vacuidad; por más que la
manifestación sea múltiple y variada, la multiplicidad es
de un solo sabor en la esencia de la mente única. No existe
ya manifestación exterior ni consciencia interior. Es auténticamente
co-emergencia.
Manteniendo
en la manifestación ésta realidad simple, brotará la
experiencia llamada: lo único apareciendo múltiple (la
originación interdependiente aparecerá como la irisación
de multicolores tejidos de seda flotando en los rayos del
sol).”
De
los “Cien Mil Métodos del Mahamudra” de Mikyö Dorje:
“La
enseñanza que muestra que la consciencia es el Dharmakaya y
la manifestación nuestra propia mente es tenida en muy alta
estima por los Grandes Lamas del Linaje de la Transmisión
Oral. Es el Dharma auténtico e insuperable.
Así,
vosotros mismos, personas afortunadas, deberíais
comprometeros en la práctica de ésta enseñanza mientras
podáis: las personas de una capacidad superior obtendrán
de ella la realización, las de capacidad media conocerán
experiencias y las de poca capacidad la comprenderán
intelectualmente.”
Kyobpa
Drigungpa:
“Todos
los fenómenos, sean del samsara o del nirvana son nuestra
propia mente. La mente es semejante a la extensión del
cielo porque su único origen, es ser
no producido.”
Phagmo
Drupa:
“No hay que parar ni el cuerpo ni la
mente. La perfección vendrá de la indiferenciación del
objeto percibido exterior y del sujeto perceptor interior.
Toda
manifestación surge como tu propia esencia, eso quiere
decir que todos los fenómenos, sean vistos u oídos,
etc..., surgen de nuestra propia mente. No hay que
transgredir éste sentido último.”
De
“La Visión condensada”:
“La
consciencia propia, libre de elaboraciones, se manifiesta
aunque está vacía, está vacía pero se manifiesta; así,
ésta indisociabilidad de la manifestación y de la vacuidad
es como la luna en el agua. Estate convencido de ésta no
dualidad.”
Del
Tantra “El Océano de Sabiduría”:
“El
cuerpo y la mente están indisociados. Por el hecho de ésta
indisociabilidad, soporte y soportado aparecen y desaparecen
simultáneamente. Aparición y disolución son
indiferenciables, esto es la llave de todo”
Es
de ésta manera como hay que comprender la “realidad” de
todos los fenómenos, estén manifiestos o no.
Por
el Venerable Lama Guendun Rimponche