LA MEDITACIÓN EN EL AMOR Y LA COMPASIÓN


Normalmente, cuando practicamos el Dharma y nos comprometemos a lograr acciones positivas surgen obstáculos y dificultades. Esto se debe al hecho de que nuestras mentes están abrumadas por las emociones. De estas emociones negativas, la principal es el orgullo que nos lleva a sentir desprecio por otros (debido a una sobreestimación de un mismo: Yo soy el mejor, el más fuerte, etc.) La existencia del orgullo da lugar automáticamente a los celos, el odio, o la ira. Con el orgullo como causa principal, con la emoción de la ira siempre como trasfondo, se crean los efectos más poderosos. Ya que nos empuja a llevar a cabo toda clase de acciones terriblemente negativas que provocan los renacimientos futuros en los reinos más bajos.

En las sociedades Occidentales, la distinción entre el orgullo y la firmeza de mente resulta a menudo confusa. Una falta de orgullo se traduce como una debilidad. El orgullo es una forma de construcción concentrada de ego. Así bajo este aspecto, es una debilidad. Una persona puede tener gran fuerza de carácter, y una resolución fuerte para lograr una meta, como la iluminación, por ejemplo, sin manifestar orgullo.

Nosotros necesitamos disociar el orgullo -la afirmación de nuestra supremacía por encima de otros, que sugiere una cierta ceguera - de la firmeza de mente que es una cualidad libre de cualquier aspecto negativo del orgullo. De la misma manera, a menudo tenemos una visión distorsionada que equipara la humildad con la debilidad de carácter. Lo que realmente necesitamos es el valor y la fuerza de carácter, sin el desarrollo del orgullo.

                                                            


La calma y estabilidad mental


La meditación en el amor y la compasión va de la mano del cultivo de la estabilidad mental. Respecto al orgullo y la ira, es un hecho que resulta difícil para el principiante relegar estas emociones con rectitud. Hasta que podamos hacer esto necesitamos practicar la calma mental junto con la meditación en el amor y la compasión. Ésta es la esencia misma de la meditación Shiné.

Por ejemplo podemos examinar la imagen mental o el concepto de la ira. Tan solo piensa en una persona que te resulte desagradable, alguien a quien consideras tu enemigo. Si no tienes un enemigo, intenta pensar en una persona que puede haberte enfadado. Una vez que sientes realmente la ira, no la dejes actuar o, puedes terminar hiriendo a alguien. En cambio, intenta relacionar la ira con algún tipo de pensamiento e intenta ver que te parece, ¿de dónde viene? ¿viene de la otra persona o de ti? Si crees que viene de la mente, ¿de dónde surge?, ¿cómo permanece?, y ¿dónde va cuando desaparece? De esta manera, la ira se torna en objeto de meditación y reflexión.

De vez en cuando, puedes practicar el método de intercambio de papeles. Cuando te sientes muy enfadado con alguien, puedes ponerte en el lugar de esa persona. Por ejemplo, yo soy Shamar Rinpoché. Y estoy enfadado contigo. Entonces me imagino que yo soy tu. De esta manera, adopto un punto de vista diferente, tu punto de vista. El mismo intercambio puede aplicarse a las emociones de los celos y el orgullo. Ésta es una forma de Shiné ( pacificación de la mente). Observando el fuerte estado emocional de la ira y después un estado pacífico de mente, llegarás a observar la naturaleza misma de la mente. Ésta es una forma superior de visión que llamamos Lhaktong. Si puedes aplicar este método con todas las emociones perturbadoras, te resultará sumamente beneficioso.

Si hay muchos pensamientos en la mente y logras pacificarlos con este método, es realmente excelente. Sin embargo cuando las emociones son tan fuertes que no podemos controlarlas, necesitamos estabilizar la mente focalizando su atención en la respiración. Concentrándonos en la entrada y salida del aire en la respiración, en este caso esto resultará más eficaz.

Muchas personas toman a menudo esta meditación como un ejercicio respiratorio. De hecho, el punto importante aquí no está en la respiración. Aunque la mente se serena, al centrarse de modo consciente en la inspiración y la expiración sin distracción, en realidad, la clave es el centramiento en sí, la estabilidad mental.

Algunas personas creen que el aspecto físico de la práctica es significativo, pero no es este el caso. Lo que es esencial es nuestra familiaridad con la práctica. El éxito de meditaciones como Shiné y Lhaktong no depende de la conceptualización de los estados meditativos. Más bien, la esencia de estas prácticas está en acostumbrarnos al propio proceso de la meditación. Nosotros tenemos que diferenciar entre Gompa que significa concebir y Sgompa que significa meditar, para entrenarse o familiarizarse.

La comprensión adecuada y el entendimiento surgen de la meditación y familiarización con la práctica. Por consiguiente, la meditación debe establecerse sobre fundamentos muy precisos. Para obtener el estado de Buda, tenemos que rechazar radicalmente el devenir, en otros términos, todas las formas de felicidad mundana asociadas a los diferentes reinos. Uno podría, por ejemplo, querer alcanzar una felicidad relativa en un estado más alto de existencia, o liberarse de los sufrimientos de los reinos más bajos. O podría aspirar a adquirir el estado pacífico de Shravaka en el que no hay ninguna posibilidad de beneficiar a otros seres. Sin embargo, solamente puede encontrarse la capacidad y el poder real de actuar en beneficio de otros seres, en el último estadio de la Iluminación.

                                                                


El amor y compasión - el nivel Relativo


El remedio para liberarse del apego a la felicidad es ver su impermanencia y los "cuatro pensamientos fundamentales que liberan a la mente del ciclo de existencias". Conforme empiezan a debilitarse nuestras ataduras, podemos experimentar una cierta paz en nuestra mente. Alcanzando este estado mental puede surgir, entonces, la calma. La clave para alcanzar este estado pacífico es meditar en el amor altruista y la compasión. Debemos desarrollar amor y compasión en nosotros hasta que se vuelvan actitudes completamente naturales para nosotros. El amor y la compasión son las cualidades que nos acompañarán a lo largo de nuestro progreso espiritual: desde el momento en el que surge la actitud para alcanzar la iluminación hasta que logramos la Budeidad. Esta Iluminación será entonces dotada del cuerpo, la palabra, la mente y las cualidades de un Buda.
A través del poder del amor y la compasión, todas las condiciones desfavorables, las emociones perturbadoras, el samsara y sus causas serán destruidas y aniquiladas completamente. Sin el amor y la compasión, sencillamente no tenemos suficiente energía. Incluso mientras permanecemos atrapados en esta prisión del samsara, sujetos a las influencias de las emociones y el karma, las cualidades del amor y la compasión nos permiten ser guiados en la dirección correcta.

Este amor y esta compasión tienen por objetivo a todos los seres. Por seres, no queremos decir simplemente, aquellos que están a nuestro alrededor --los humanos. Algo que posee una mente es un ser. Y donde hay un ser, allí está el sufrimiento. Así como nosotros tenemos una mente y a través de ella experimentamos el sufrimiento, lo mismo ocurre con cualquier clase de ser. Aquí, debemos distinguir entre estar vivo y tener mente. Una cosa viviente necesariamente no tiene porque tener mente. Pero dónde hay mente, hay conciencia y hay vida. Hay todo tipo de seres, algunos son muy pequeños como los insectos. Un error conceptualmuy común consiste en atribuir conciencia sólo a los seres de cierto tamaño. Asociamos a menudo la existencia de conciencia primero con un cierto grado de inteligencia y después a un cierto tamaño. Así pues, algunos científicos y ciertas escuelas de pensamiento filosófico son reacios a reconocer que los animales más pequeños, los insectos, o la vida marina más diminuta poseen una conciencia similar a la nuestra, aunque reconocen que algunos moradores del mar más grandes como los delfines si tienen conciencia.

De hecho, incluso el más pequeño y diminuto de los insectos busca placer y teme el sufrimiento. Si intentamos tocar la aleta de un pequeño pez, su reacción inicial es marcharse. Si es domesticado, entonces puede reconocer la mano que lo alimenta y pasa a ser una fuente de satisfacción. Se acercará entonces tranquilamente a la mano porque, de la misma manera que los humanos, busca estar bien y huye del sufrimiento.

                                                            


Los seres tienen diferentes tamaños, pero la mente no es proporcional a la apariencia física. El grado de sufrimiento o de felicidad depende del karma individual de cada uno. Una misma mente puede reencarnar en un cuerpo diminuto y débil, o en el cuerpo de una ballena, o como un rey dotado con una facultad mental más alta que la de un animal. Sin embargo, el tamaño no tiene ningún peso sobre la calidad o poder de la mente. Por consiguiente, todos los seres, sin excepción, deben ser objeto de nuestro amor y compasión. Cultiva la misma actitud para todos los seres como si fueran tu padre, tu madre, o aquellos a quienes más amas. En las culturas tradicionales, particularmente en el este, los lazos familiares son sumamente fuertes. El padre y la madre son las personas a quienes uno más venera, y la idea de que padezcan cualquier daño es insufrible. Por esta razón, cuando meditamos en la actitud de la iluminación, tomamos este ejemplo considerando que todos los seres son nuestros padres.

En el Oeste, el cariño hacia los padres no tiene la misma intensidad. Pero esta diferencia no es importante para la meditación. Simplemente imagina a quien más amas y considera a todos los seres como esa persona.

Claro, no es posible para nosotros desarrollar este amor y compasión individualmente para cada ser. Pero podemos considerar a todos los seres colectivamente como una unidad y meditar en el hecho de que ellos, también desean ser felices con el mismo fervor que nosotros. Desarrollamos este intenso deseo de su felicidad poniéndonos en su lugar. Aún así, ten cuidado para no hacer de este deseo una fijación o atadura. Más bien, concéntrate en qué los seres vayan a través de él. Debemos continuar manteniendo la mente en esta aspiración de desear su felicidad mientras aplicamos la misma contemplación, de su esencia, como previamente se mencionó para las emociones como la ira, el orgullo y los celos.

                                                           


El amor y la compasión, Último nivel


Al principio este amor para todos los seres resulta una actitud fabricada y artificial. En realidad no lo sentimos automáticamente. Por medio del entrenamiento, se desarrollará gradualmente, y tarde o temprano este amor imparcial hacia todos los seres se volverá un sentimiento natural. Ahora mismo, cuando sentimos amor por uno o varios seres, muy a menudo, este amor es parcial porque es selectivo, y proviene de nuestros apegos. Cuando hablamos de amor espiritual, no nos referimos a una actitud parcial, exclusiva, sino en una actitud fundamentada en la naturaleza de la mente que es la vacuidad. En la vacuidad todo se manifiesta.

Nosotros meditamos en el amor, y su naturaleza es la vacuidad, la no existencia. El objeto de este amor ( los seres) es también vacuidad, naturalmente, desde la visión última. Sin embargo, tiene una existencia relativa natural, la cual se alcanza sin contradecir su esencia. Si fuera diferente y la existencia de una realidad última e intrínseca fuera suficiente en sí misma; no permitiría a los fenómenos relativos manifestarse. Si un sueño fuera real, no podría tener lugar en el espacio de la mente. Si la esencia del sueño no tuviera un espejo vacuo como cualidad, no podrían reflejarse las imágenes en él. Así, la naturaleza de la confusión de los seres es la vacuidad. Por otra parte, ¿cómo podría aparecer, si fuera exclusivamente sólido, y material?

Aunque esta contemplación de la naturaleza última de la Bodhicitta es algo que uno debe comprender, esto viene más tarde. Al principio, es aconsejable cultivar principalmente el aspecto relativo del amor y la compasión para progresar, después, en el reconocimiento de la vacuidad o naturaleza última de la Bodhicitta. Paralelamente a esta meditación en la naturaleza última de la Bodhicitta, se desarrollará una profunda comprensión. Si uno medita en el amor a través del significado que le da la vacuidad, se genera un amor superior. Pero no sólo eso, al mismo tiempo, mientras meditamos en la naturaleza del amor, lograremos una pacificación estable de la mente (Shiné), y simultáneamente la fuerza de nuestro propósito aumentará. Por medio de la constancia obtendremos la actitud para la iluminación, y podremos crear una fuente de beneficio considerable para otros. A través del samadhi (la absorción completa) del amor, penetraremos en el último y auténtico beneficio. Nuestra mente se unirá con la realidad última inmutable para que nuestra conciencia no sea habitada por ninguna otra cosa que no sea el amor por todos los seres. Nunca renunciará a esto.

Por la fuerza de nuestra meditación, nuestro amor por los seres será como el amor de madre de una gallina por sus polluelos. Este proceso se desarrollará, él mismo, por su propia naturaleza, hasta que, en el estado de iluminación, abrace a todos los seres. Gradualmente, adquiriremos la capacidad de beneficiar a un número creciente de seres. Esto no tiene nada que ver con la telepatía o con una intencionalidad concreta, como si nosotros estuviéramos enviando una energía ondeante para ayudar aquellos que están en un estado inferior al nuestro, sino que así, espontáneamente, las actitudes beneficiosas y positivas se alcanzarán a través de la fuerza de la virtud. El poder de esta meditación es tan fuerte que tiene la facultad de llegar a otros. Este amor se expande hacia el exterior e irradia, surgiendo en las mentes de otros seres, particularmente en animales pequeños como los pájaros.

Artículo publicado en "El Budismo Hoy " (1997)