Para Edurne

Cuando entro en un sitio nuevo mi cuerpo se pone alerta, espera que alguien le diga que no es su sitio, o que hace mucho tiempo que no ha ido, o que no pinta nada en ese lugar; pues bien, tu sonrisa era la cálida bienvenida que disipaba todo esto.

La puerta abierta, la invitación, el "ongi etorri" hacia la aventura interior que es cada meditación.

Tu sencillez era una lección en sí misma. Todavía siento ambas cosas cuando entro en el Centro.

Gracias también por darme la oportunidad de vivir la muerte sin dramatismo, con aceptación y consciencia.

Mirenio y Rosa